Publio Quintilio Varo (hacia el 46 antes de Cristo – 9 después de Cristo) fue un político y general romano que sirvió bajo el mandato del emperador Augusto. Se le recuerda sobre todo por haber perdido tres legiones romanas al caer en una emboscada tendida por tribus germánicas en la batalla del bosque de Teutoburgo, lo que causó una gran conmoción en Roma y puso fin a la expansión romana más allá del río Rin.
Publio Quintilio Varo nació hacia el año 46 antes de Cristo en el seno de una antigua familia patricia. Su padre, Sexto Quintilio Varo, era republicano. Sexto fue cuestor en el año 49 antes de Cristo y defendió la ciudad de Corfinium del asedio de Julio César durante la guerra civil contra Pompeyo. Cuando Julio César fue asesinado, Sexto se encontraba en el campo de batalla de Filipos luchando contra Marco Antonio y Octaviano. Al ver que Marco Antonio y Octaviano derrotaban a los últimos republicanos, Sexto se suicidó.
Publio Quintilio Varo no compartía en absoluto las tendencias republicanas de su padre. Se convirtió en aliado político de Augusto y fue nombrado cuestor en torno a 21 antes de Cristo Varo se casó con Vipsania Marcela Agripina, hija de Marco Vipsanio Agripa, la mano derecha del emperador Augusto. Fue nombrado cónsul en el año 13 antes de Cristo junto con Tiberio, el hijastro de Augusto, quien a su vez estaba casado con una de las hijas de Agripa, Vipsania Agripina. Más tarde, Varo se casaría con Claudia Pulcra, sobrina-nieta de Augusto. Dion Casio describe a Varo como un comandante militar incompetente, además de ingenuo y autoritario. Veleyo Patérculo califica a Varo de hombre tranquilo, lento y perezoso. Ambos consideraban a Varo un administrador que había ascendido en su carrera gracias a sus estrechos vínculos con Augusto.
En el momento en que Varo ascendió al poder en el mundo político romano, el Imperio se veía inmerso en dos conflictos principales: la revuelta de Panonia y Marbod, uno de los líderes tribales germánicos más poderosos. La élite imperial también era muy consciente del potencial de agitación en las provincias recién conquistadas. Un gobernador no solo debía ser alguien que hubiera demostrado ser capaz de ejercer el mando militar, sino también competente a la hora de asentar y organizar una nueva provincia. A Varo le concedieron el cargo de gobernador de África, un puesto muy prestigioso, ya que era una de las provincias gobernadas por el Senado, además de ser la única que contaba con una legión, mientras que todas las demás provincias guarnecidas estaban bajo el dominio del emperador. Varo gobernó esta parte del mundo romano entre los años 8 y 7 antes de Cristo, acuñando monedas con su nombre en las dos ciudades, Hadrumetum y Achulla. Posteriormente fue reelegido gobernador de Siria, donde tenía el mando de una sexta parte del Ejército romano.
En el año 7 antes de Cristo, Varo llegó a Siria. Esta era una de las provincias más importantes del imperio, ya que las cuatro legiones imperiales romanas destinadas allí eran las encargadas de defender la frontera oriental frente a los partos. El Museo Británico conserva una moneda antigua con las inscripciones «Imperator Caesar Augustus» alrededor de la cabeza del emperador y «Publius Quinctilius Varus», junto con dos águilas de la legión que indican los estrechos vínculos entre ambos hombres.
Como gobernador de Siria, Varo también era responsable de la paz en los reinos vasallos, entre los que se incluía Judea. El rey Herodes de Judea había sido el aliado más cercano y leal de Roma. Al final de su reinado, Herodes acusó de alta traición a su hijo Antípater, quien también era su sucesor designado. Varo respaldó la acusación y Antípater fue ejecutado.
Herodes murió tres años después. En su testamento, dividió su reino entre sus tres hijos supervivientes: Herodes Arquelao, Herodes Antipas y Filipo. Herodes Arquelao recibió la región de Judea y Samaria, a Herodes Antipas le correspondieron Galilea y Perea, y Felipe se convirtió en gobernante de Gaulanitis. Sin embargo, no tardaron en producirse disturbios en las zonas gobernadas por Arquelao y sus tropas fueron incapaces de hacerles frente, por lo que Varo tuvo que intervenir. Las ciudades de Séforis y Emaús quedaron destruidas y 2.000 personas fueron crucificadas. Con esto, los territorios de Herodes Arquelao quedaron pacificados y pudo comenzar su reinado. Tras esta crisis, Varo regresó a Roma.
Varo entró en Roma en medio de un cambio político. Augusto había nombrado a sus nietos Cayo y Lucio sus sucesores. Tiberio había abandonado Roma y vivía en Rodas. Sin embargo, el nuevo plan de Augusto fracasó, ya que ambos nietos fallecieron en menos de dos años. Debido a esta tragedia familiar, Tiberio tuvo que regresar de Rodas y lo nombraron uno de los sucesores de Augusto. Tras la vuelta de Tiberio, nombraron a Varo gobernador de Germania hacia el año 6 después de Cristo Su nombramiento se celebró con un obsequio en forma de dinero para los soldados, con monedas marcadas con la inscripción VAR.
Tiberio recorrió Germania en el otoño del año 4 y el verano del 5 después de Cristo como demostración de fuerza, para que las tribus germánicas comprendieran y cumplieran con sus obligaciones como parte del Imperio romano. En el año 6 después de Cristo, quiso dirigir al menos ocho legiones desde el Rin Medio y una unidad contra el rey Marbod de los marcomanos en Boiohaemum (Bohemia).
Al mismo tiempo, las tres legiones del Bajo Rin debían avanzar también contra Boiohaemum, atacándola a lo largo del Elba. Su comandante era Cayo Sentio Saturnino. Un tercer grupo de ejércitos debía marchar a lo largo del Meno. Se construyó una base gigantesca cerca de la actual Marktbreit, donde se reuniría el ejército del Rin Medio. Sin embargo, no llegó a suceder nada, ya que una rebelión en Panonia impidió la ejecución del plan de Tiberio y tardaron tres años en sofocarla. Varo sustituyó a Saturnino y se dedicó a organizar activamente los territorios conquistados entre el Rin y el Elba. Recaudaba impuestos, fundaba nuevos asentamientos y administraba justicia cuando era necesario.
En el verano del año 9 después de Cristo, Tiberio había derrotado a los panonios y se encontraba realizando los preparativos para reanudar la ofensiva hacia Bohemia y el Elba en el año 10 después de Cristo Para aquellos líderes germánicos que deseaban librarse de los romanos, era el momento de actuar. Varo se encontraba en sus cuarteles de verano a orillas del río Weser cuando le llegó la noticia de una revuelta cada vez mayor en la zona del Rin, al oeste. Entonces, decidió marchar con tres legiones (la XVII, la XVIII y la XIX) y dar un rodeo por la zona rebelde antes de regresar al Rin.
El único camino discurría por una estrecha franja de terreno transitable; al sur se alzaban las colinas inaccesibles del bosque de Teutoburgo, y al norte las marismas dificultaban el avance. Era el lugar perfecto para tender una trampa a los pesados legionarios, ya que las tres legiones se encontraban en una posición en la que su capacidad de combate se vería reducida al mínimo. Las tribus germánicas lideradas por Arminio las emboscaron en la batalla del bosque de Teutoburgo. Algunos soldados romanos que intentaban huir fueron interceptados por los germanos y asesinados. A algunos romanos capturados los encerraron en jaulas y los quemaron vivos, mientras que a otros los esclavizaron o exigieron un rescate por ellos. Tácito y Floro relatan que las tribus germánicas victoriosas torturaron y sacrificaron a los soldados cautivos a sus dioses. Los arqueólogos modernos excavaron una parte del campo de batalla, y recuperaron numerosos objetos militares y otros que atestiguan la presencia de civiles en la zona en el momento de la masacre. Al ver que toda esperanza estaba perdida, Varo se suicidó.
Tras la batalla, los romanos nunca conquistaron a los germanos al este del Rin, a pesar de las expediciones de Germánico en los años 15-16 después de Cristo y de algunos conflictos posteriores. Tan grande fue la vergüenza y la mala suerte que se atribuía al número de las legiones perdidas en la batalla del bosque de Teutoburgo, que los números XVII, XVIII y XIX nunca volvieron a aparecer en el orden de batalla del Ejército romano. Según Suetonio, Augusto se rasgó las vestiduras y se negó a cortarse el pelo durante meses al conocer la noticia. Durante años después, en ocasiones se oía a Augusto gemir: «¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!».
Arminio le cortó la cabeza a Varo y la envió a Bohemia como regalo para el rey Marbod para convencerlo de que formara una alianza. Marbod rechazó la oferta y envió los restos de Varo a Roma. A pesar de su ira hacia Varo por la derrota total en la batalla del bosque de Teutoburgo, Augusto enterró la cabeza de Varo en el mausoleo de la familia imperial.