Este mapa ilustra el ascenso y la rápida expansión del islam desde la época del profeta Mahoma (622-632 después de Cristo) a lo largo de los grandes califatos de los siglos VII a IX. Empezando por Arabia, la nueva fe y sus ejércitos se expandieron con los califas Rashidun (632-661), seguidos del califato omeya (661-750) y del califato abasí (750- en torno a 900) que crearían los imperios más grandes y dinámicos de la historia en tan solo unas pocas generaciones.

La conquista redibujó el mapa político de Eurasia y el norte de África. Cayeron los fuertes bizantinos y sasánidas de Damasco (635), Jerusalén (638), Ctesifonte (636) y Alejandría (642), mientras que ciudades nuevas como Bagdad (fundada en 762) ascendieron como capitales imperiales. La expansión continuó hacia el oeste, adentrándose en el norte de África y la península ibérica y culminando con el emirato omeya de Córdoba (756-1031), y hacia el este adentrándose en Asia central hasta Samarcanda (710). Más allá de sus victorias militares, la expansión del islam trajo un cambio cultural, lingüístico y religioso duradero entretejiendo a los diferentes pueblos desde España hasta Persia en una serie de redes compartidas de fe, comercio y aprendizaje.