El papel moneda se inventó en China y los comerciantes comenzaron a utilizarlo de forma generalizada durante la dinastía Song (960-1279), principalmente como prueba de las reservas de efectivo en las arcas del Estado y para transacciones comerciales de mayor envergadura. La mayor seguridad y comodidad que ofrecía el papel moneda constituían ventajas significativas en un momento en que el comercio experimentaba un auge y los comerciantes viajaban por todas partes. Sin embargo, las monedas y los lingotes de plata siguieron siendo populares, especialmente cuando la elevada inflación dejó al papel moneda prácticamente obsoleto a finales del siglo XIII.
Para fabricar un papel moneda duradero en grandes cantidades, se necesitaban tres cosas: papel, dispositivos de impresión y el reconocimiento de una moneda con un valor aceptado de manera universal. El papel se inventó en China, donde su aparición se remonta tradicionalmente a principios del siglo II, aunque hay indicios de su fabricación incluso antes. Utilizaban fibras de muchas plantas diferentes, tallos de gramíneas, materia vegetal, cáñamo, corteza de árbol e incluso trapos y se mezclaban en una búsqueda constante de experimentación para encontrar la combinación más barata de materiales que produjera papel de la máxima calidad. El ratán sustituyó al primitivo papel de cáñamo y fue el material preferido durante siglos, hasta que, a partir del siglo VIII, las fibras de bambú lo sustituyeron como la materia prima más habitual. En la China de la dinastía Song, las técnicas de producción de papel mejoraron aún más, y la materia prima principal pasó a ser la corteza hervida de la morera.
El papel chino era de tal calidad que se comercializaba con estados extranjeros a lo largo de la Ruta de la Seda. También se utilizaba para pagar tributos e impuestos al Estado durante la dinastía Tang (618-907). Los gobernantes de esta dinastía impusieron un código de colores para el uso del papel: el papel blanco se reservaba para documentos legales, el amarillo para fines gubernamentales y el azul para las comunicaciones con los templos taoístas.
La segunda etapa de desarrollo se produjo en los siglos XI o XII, cuando se inventó la imprenta con tipos móviles. Esta nueva idea requería un tipo de papel más grueso que pudiera soportar el peso de los bloques metálicos de los tipos. El tercer avance fue la idea de una moneda común. De hecho, el propio papel ya se había reconocido como uno de los materiales que podían intercambiarse en cantidades definidas. Otro de esos materiales era la seda. La mayoría de los comerciantes también reconocía el oro, la plata y otros metales como materiales con un valor lo suficientemente fiable como para utilizarlos en la compra de otros bienes. Estas «monedas» básicas resultaban útiles para transacciones de gran envergadura, pero no eran muy prácticas para las pequeñas o para las compras cotidianas, como por ejemplo en los mercados, donde aún era necesario el trueque a pequeña escala.
Las primeras monedas chinas aparecieron en el siglo VII antes de Cristo y solían adoptar la forma de herramientas de hierro o cuchillos, hasta que a alguien se le ocurrió la idea de acuñar pequeñas monedas más prácticas. Las antiguas monedas chinas se distinguen por su agujero central cuadrado. Sin embargo, cuando la popularidad de las monedas se disparó durante la dinastía Tang, surgió un problema: conseguir el cobre necesario para acuñar millones de ellas. La escasez era tal que el Gobierno de la dinastía Tang acabó teniendo que prohibir el uso del cobre para cualquier fin que no fuera la acuñación de monedas. Otro problema era que las monedas podían pesar más que los bienes por los que se suponía que debían intercambiarse. Las monedas eran ideales para pequeñas compras, pero no para transacciones comerciales de mediana o gran envergadura.
Sustituir las monedas, pesadas y caras de producir, por papel tenía ventajas evidentes, especialmente para los comerciantes de larga distancia, para quienes el peso y el espacio en los animales de carga, como los camellos, eran muy valiosos. Además, era más fácil ocultar el papel de los ladrones que acechaban a lo largo de las transitadas rutas comerciales.
Pero, ¿cómo surgió el primer papel moneda? Sus orígenes se remontan a lo que se denominaba «dinero volador», utilizado principalmente por los comerciantes de té de la dinastía Tang, que exportaban su producto a todas partes. En lugar de transportar sacos de monedas o pesados lingotes de plata, algunos comerciantes preferían la seguridad de utilizar una especie de recibo de pago escrito en papel. Este documento permitía a un comerciante realizar un depósito en una tesorería y cobrar el mismo valor en otra tesorería dentro de China. Estos documentos de conveniencia se conocieron como «dinero volador». En efecto, el papel era una promesa de pago, al igual que un billete moderno es una promesa del banco central de un país de pagar al portador una determinada cantidad.
En teoría era una buena idea, pero en la práctica muchos comerciantes se mostraban reacios a cambiar por completo la seguridad de la plata maciza que tenían en sus manos por frágiles billetes de papel que quizá se cobrarían en el futuro, especialmente en el caso de transacciones de gran envergadura. Sin embargo, la idea del «dinero volador» resurgiría a partir del siglo XI, cuando el comercio empezó a experimentar un auge. Durante la dinastía Song, las mercancías se transportaban por tierra, río y mar por toda China y a través de Asia a niveles sin precedentes. El comercio del té, la seda, el arroz, las especias, los caballos y el cobre era especialmente dinámico. Las empresas se hicieron más grandes y sofisticadas, con diferentes niveles de gestión y propiedad. Se desarrollaron gremios, mayoristas, sociedades y sociedades anónimas a medida que la economía china comenzaba a adquirir poco a poco un aspecto más parecido al modelo industrial actual.
Algunos comerciantes de la dinastía Song, al igual que aquellos antiguos comerciantes de té de la dinastía Tang, estaban muy interesados en resolver el problema de dónde guardar y cómo evitar transportar su riqueza en monedas o lingotes de metales preciosos. En la provincia de Sichuan (Szechwan), el uso de pesadas monedas de hierro obligaba a los ricos a dejar su dinero en casas de depósito estatales, donde estaba más seguro. Hacia el año 1023, con el fin de indicar qué dinero tenían depositado, el Gobierno Song expedía a las personas un certificado de crédito en papel. Estos certificados, conocidos como jiaozi, también podían utilizarse en transacciones en lugar de tener que transportar físicamente las monedas.
A medida que la economía se sofisticaba y el comercio se generalizaba, también lo hacían los sistemas de pago. De hecho, la relación entre la creciente comercialización y el uso del papel moneda en la dinastía Song fue directa y recíproca, tal y como explica aquí el historiador M. Rossabi:
La cálida acogida que recibieron tanto en el sur de China como en el norte animó a un número cada vez mayor de comerciantes extranjeros a traer sus mercancías… Los comerciantes ya no se veían limitados a las capitales de determinados condados, por lo que también comerciaban en pequeñas ciudades y pueblos. Aunque los funcionarios del Gobierno seguían supervisando los mercados, los comerciantes se enfrentaban a menos restricciones en el comercio. Los mercados cerrados se hicieron menos frecuentes, lo que permitió a los comerciantes hacer negocio en barrios que anteriormente tenían zonas restringidas para los negocios. El crecimiento del comercio condujo a un aumento del uso del dinero, lo que a su vez animó al Gobierno a recaudar impuestos en efectivo. La cantidad de papel moneda aumentó, lo que supuso un paso más para facilitar el comercio.
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El auge del sector agrícola fue la principal razón de la creciente comercialización de la economía. La migración hacia nuevas zonas agrícolas del sur, donde el suelo era especialmente fértil, supuso que la agricultura generara excedentes que podían venderse para obtener beneficios. Los agricultores más acaudalados formaban un grupo de élite diferenciado y ahora podían adquirir los productos que traían los comerciantes a los mercados, tanto nacionales como extranjeros. El crecimiento de la población fue otro factor que impulsó el auge del comercio.
En el siglo XII, los comerciantes de toda China volvían a utilizar recibos en papel, más prácticos, de sus depósitos de metal para los pagos y sus transacciones, en lugar de pesadas bolsas de metal. Esto, a su vez, condujo finalmente al desarrollo del papel moneda hacia 1120, cuando el Gobierno chino estableció un monopolio sobre la emisión de dichos recibos. El Gobierno de la dinastía Song, con sede en la capital, Kaifeng, concedió a determinadas tesorerías de toda China el derecho a emitir dichos recibos. En la práctica, se trataba de la primera versión mundial de billetes emitidos por una autoridad central. Para 1260, el papel moneda se había convertido en lo que hoy llamaríamos billetes propiamente dichos: podían conservarse durante el tiempo que se deseara, utilizarse en todo el país para realizar compras y canjearse por oro o plata en cualquier momento.
A finales del siglo XIII, cuando los mongoles se habían apoderado de China para establecer la dinastía Yuan (1271-1368), el papel moneda seguía utilizándose ampliamente, tal y como atestigua el comerciante y explorador veneciano Marco Polo (1254-1324), quien ofreció uno de los primeros relatos sobre el papel moneda chino tras sus viajes por Asia:
En la ciudad de Kanbalu se encuentra la casa de la moneda del gran kan, de quien se puede decir verdaderamente que posee el secreto de los alquimistas, ya que domina el arte de fabricar dinero mediante el siguiente proceso. Hace que se despoje de su corteza a aquellas moreras cuyas hojas se utilizan para alimentar a los gusanos de seda, y extrae de ella la fina capa interna que se encuentra entre la corteza más gruesa y la madera del árbol. Tras remojarla y machacarla posteriormente en un mortero hasta reducirla a pulpa, se convierte en un papel que se asemeja (en esencia) al que se fabrica a partir del algodón, pero bastante negro. Cuando está listo para su uso, lo hace cortar en trozos con forma de moneda de distintos tamaños, casi cuadrados, pero algo más largos que anchos. De estos, los más pequeños pasan por tornesas, el tamaño siguiente por un groat de plata veneciano; otros por dos, cinco y diez groats; y otros por uno, dos, tres y hasta diez besantes de oro. La acuñación de este papel moneda se autentifica con tanta solemnidad y ceremonia como si se tratara realmente de oro o plata puros; pues en cada billete, varios funcionarios, especialmente designados, no solo firman con sus nombres, sino que también estampan sus sellos; y, una vez que todos ellos han cumplido con este trámite, el funcionario principal, designado por Su Majestad, tras mojar en bermellón el sello real que se le ha confiado, estampa con él el trozo de papel, de modo que la forma del sello teñida de bermellón queda impresa en él, con lo que adquiere plena autenticidad como moneda de curso legal, y la falsificación de la misma se castiga como delito capital. Una vez acuñado así en grandes cantidades, este papel moneda circula por todas las partes de los dominios del gran kan, y nadie se atreve, a riesgo de su vida, a negarse a aceptarlo como pago.
…Cuando alguna persona se encuentra en posesión de papel moneda que, por el uso prolongado, se ha deteriorado, lo lleva a la casa de la moneda, donde, previo pago de solo un tres por ciento, puede recibir billetes nuevos a cambio… Todos los ejércitos de Su Majestad reciben su paga con esta moneda, que para ellos tiene el mismo valor que si fuera oro o plata.
(Viajes, 143-4)
Sin embargo, el papel moneda también tenía sus problemas. A pesar de las precauciones descritas por Marco Polo, el papel moneda era tan susceptible a la falsificación como las monedas. Las autoridades chinas intentaron dificultar la falsificación haciendo que los billetes fueran lo más complejos posible, cubriendo prácticamente todo el papel con diversos tipos de sellos impresos.
Sin embargo, el mayor golpe para el papel moneda lo supuso la elevada inflación, y la impresión excesiva de billetes fue una de las causas principales de la misma. Los gobernantes de la dinastía Yuan estaban desesperados por financiar costosos proyectos públicos, como presas y obras de regadío, especialmente a lo largo del río Amarillo, que se llevaron a cabo para reducir los efectos devastadores de las frecuentes inundaciones. Imprimir dinero era una solución a corto plazo para el problema, pero, al carecer de un valor real que respaldara la moneda, los efectos a largo plazo resultaban muy indeseables. La inflación era tan galopante que el papel moneda perdió rápidamente todo su valor y prácticamente desapareció al desvanecerse la confianza de los comerciantes en él. Un breve retorno del papel moneda durante la dinastía Ming (1368-1644) volvió a tener un desenlace desastroso, y la amplia circulación de billetes fiables no se haría realidad en China hasta 1866, cuando fueron emitidos por el Banco de Hong Kong y Shanghái.