El perro es el animal domesticado más antiguo de China. Se criaba para proteger, transportar mercancías, pastorear, cazar y servir como fuente de alimento. Las pruebas arqueológicas sitúan la domesticación del perro en China hace aproximadamente 15.000 años. Se han encontrado restos de perros en tumbas neolíticas, así como huesos en depósitos de desechos que pertenecen a ese mismo período y a épocas posteriores.

En la antigua China, el perro siempre se consideró un animal de trabajo, valorado por su utilidad y no como compañero. Aun así, se le tenía una gran estima, no solo por sus usos prácticos, sino también porque se creía que podía conectar el mundo de los vivos con el de los muertos, así como el mundo terrenal con el invisible. En el folclore chino aparecen a menudo perros con la capacidad de transformarse o vinculados con lo divino. Además, el perro ocupa el undécimo lugar en el zodiaco chino.

La lealtad célebre del perro se destaca no solo en los cuentos populares y las leyendas, sino también en el arte y la iconografía protectora. A menudo se tallaban amuletos de jade con forma de perro, y se colocaban estatuas de estos animales en el exterior de viviendas, comercios y residencias reales. Desde tiempos remotos, se reconoció al perro como una figura protectora, una imagen que perdura hasta nuestros días, aunque ahora también se lo valora como mascota y miembro de la familia.

El yacimiento neolítico de la aldea de Banpo, situada en la provincia de Shaanxi, es uno de los muchos lugares que aportan pruebas de la domesticación temprana del perro. La aldea estuvo habitada entre el 4500 y el 3750 antes de Cristo, y no cabe duda de que sus habitantes tenían numerosos perros durante ese período. Se encontraron abundantes huesos de perros y cerdo, y es posible, incluso probable, que ya por entonces los perros estuvieran asociados con el mundo espiritual. En fragmentos de cerámica se encontró una imagen que se asemeja a un perro, junto a otro del mítico dragón-cerdo (precursor del célebre dragón chino, que también simbolizaba la buena fortuna y la protección). Esto sugiere que los habitantes de la aldea reconocían la dimensión espiritual del perro.

Sin embargo, el perro desempeñaba, ante todo, una función práctica en la vida cotidiana de la aldea. La investigadora Judith M. Treistman escribe:

Es probable que el perro se utilizara para obtener alimento y ropa, pero, sobre todo, para el transporte. En esta última función, como animal de tiro, que también sería importante para las tribus posteriores, formaba parte de las técnicas que permitían aprovechar los recursos del bosque de manera eficiente. (31-32)

En Banpo, la alimentación se basaba en vegetales, aunque sus habitantes también cazaban animales salvajes y pescaban en las aguas cercanas. Treistman señala que entre las especies que cazaban se encontraban lobos, turones, ovejas de montaña, ciervos almizcleros, ciervos, corzos, jabalíes, alces, comadrejas y muchos otros animales. Los perros se utilizaban para transportar las presas hasta la aldea, donde se las preparaba para su aprovechamiento. Cuando envejecían y ya no podían ayudar a los cazadores, lo más probable es que también los mataran para aprovechar la piel y otras partes del cuerpo.

También se mataba a los perros para liberar su espíritu y obtener así protección, y se los enterraba frente a las viviendas. Esta práctica no solo se llevaba a cabo en Banpo, sino que también se mantuvo a lo largo de la historia china. Los relatos de fantasmas fueron la forma más antigua de literatura en China y, al igual que en casi todas las culturas antiguas, los chinos sentían un temor profundo hacia ellos. La causa más común de una aparición era un entierro inadecuado. Cuando un fantasma se manifestaba, solía deberse a esta razón, o a que alguien había profanado la tumba del difunto. Sin embargo, existían muchos tipos de fantasmas, y algunos eran simplemente espíritus irascibles o perturbados que buscaban poseer a una persona o hacerle la vida imposible. Como se consideraba que los perros eran protectores por naturaleza, era lógico pensar que también serían eficaces para defenderse de otros espíritus, ya que ellos mismos pertenecían al mundo espiritual.

Con el tiempo, la práctica de sacrificar perros dejó de ser habitual y, con el mismo propósito, comenzaron a colocarse figuras de perros de paja frente a las viviendas o en las puertas de las ciudades. Poco a poco, esta costumbre dio paso a las estatuas de perros-león, en general de piedra, conocidas en Occidente como Foo Dogs (foo significa «Buda»). Esta tradición surgió cuando el budismo llegó a China desde la India, acompañado de la leyenda de que Buda surcaría el cielo montado sobre un león. Los chinos nunca habían visto un león de verdad, pero sí conocían al pequinés, un perro pequeño. Esta raza se crio y se le dio un cuidado especial para que se pareciera a las descripciones que los chinos habían oído sobre el león. Así, las estatuas de Foo Dogs pasaron a representar el poder protector de Buda.

Estas figuras de piedra, por lo general representadas gruñendo y adornadas con un collar ornamentado con cascabeles, cumplían la misma función que el cadáver de un perro real o una figura de paja. Se creía que el cascabel advertía de la llegada de un espíritu, mientras que el collar llevaba grabados símbolos de protección y, a menudo, la cabeza o el rostro de una entidad espiritual protectora. Las estatuas siempre se colocaban en parejas: el macho apoya una pata sobre una esfera ornamentada, que representa el poder y el dominio sobre los asuntos humanos del mundo, mientras que la hembra apoya la suya sobre un cachorro inquieto, símbolo del control sobre las fuerzas de la naturaleza.

El motivo del collar con cascabeles surgió de la costumbre de colocar campanillas en los collares de los perros, ya que se creía que estas sonaban en presencia de espíritus invisibles. El hecho de que las estatuas de Foo Dogs se coloquen en parejas también tiene un significado: la hembra representa la fuerza yin y protege a los habitantes de la casa, mientras que el macho representa el yang y protege la propia estructura.

Esta práctica sigue vigente hoy en China y en otros lugares, en establecimientos que no son de propiedad china. Es habitual encontrar estatuas de perros-león a ambos lados de la entrada de los restaurantes chinos, donde cumplen la función de proteger el lugar de los espíritus malignos y las fuerzas oscuras. Si uno se detiene a observarlas con atención, verá que el cachorro situado bajo la pata de la hembra parece estar mamando. Este detalle proviene de la antigua creencia de que las leonas segregaban leche a través de las almohadillas de sus patas. Los perros-león no se parecen tanto a leones o perros como a criaturas míticas de otro mundo, y, por supuesto, esto es intencional. Los perros solían asociarse con ese reino intermedio que separaba la vida de la muerte, lo que contribuía a la alta estima en que se los tenía, incluso mientras seguían utilizándose como fuente de alimento.

De hecho, se consideraba que los perros eran tan importantes que merecían recibir protección divina por los servicios que prestaban. Un cuento popular narra la historia de un hombre llamado Li «Cabeza de Ataúd», un matón cruel que maltrataba a animales indefensos, en especial perros y gatos. Un día, dos hombres vestidos con túnicas púrpuras se presentan ante él y le anuncian que los dioses del más allá lo condenaron por maltratar a los animales. El hombre se burla de ellos y no les cree, pero entonces los visitantes sacan un documento en el que figuran las denuncias de 460 perros y gatos del más allá, que lo acusan de haberlos tratado de forma cruel antes de causarles la muerte.

Cabeza de Ataúd es declarado culpable de sus crímenes y llevado al más allá para recibir su castigo. Como muchos otros relatos de fantasmas de la antigua China, esta historia transmitía una enseñanza moral sobre cómo tratar a los demás, en este caso a los animales, y sobre el destino terrible que le esperaba a quien se apartara de la conducta que los dioses esperaban de los seres humanos.

Una de las enseñanzas del Relato de Panhu es que debemos tratar a los perros con respeto y cumplir nuestra palabra. Los grupos étnicos chinos yao y she consideran al perro Panhu su antepasado. Según sus leyendas, un emperador llamado Ku estaba enfrentado a un poderoso enemigo y prometió la mano de su hija en matrimonio a quien le llevara la cabeza de su rival. Panhu logró cumplir la misión y se presentó en el palacio con la cabeza. Así, aunque de mala gana, el emperador le entregó a su hija en matrimonio. La leyenda concluye cuando ambos desaparecen en las montañas, donde Panhu se transforma en un príncipe humano, y él y la princesa tienen muchos hijos.

La capacidad del perro para transformarse es fundamental en otro cuento popular conocido como El perro de la lámpara. En esta historia, el administrador de un comerciante rico ve una lámpara brillante que resplandece sobre el refugio donde vive, dentro de la propiedad de su amo. La luz parece bajar poco a poco hacia el suelo, formando una esfera centelleante que termina convirtiéndose en un perro. El administrador se levanta y sigue al animal por el jardín, donde ve cómo se transforma en una joven hermosa. Ambos pasan muchas noches juntos, hasta que el amo se entera de lo sucedido y le exige al administrador que capture a la mujer y se la lleve.

El administrador no quiere traicionar a su amada, pero le teme a su amo así que trata de tenderle una trampa. Sin embargo, ella desaparece. Meses después, mientras regresa a casa tras hacer un mandado, el administrador vuelve a verla. Ella lo guía hasta un campo de sorgo, donde hay una hermosa mansión. Le explica que su relación terminó por la traición de él, pero que, antes de despedirse, le ofrecerá un banquete. Le prepara un festín y hace que varias sirvientas hermosas lo atiendan. Cuando termina de comer y emprende el regreso a casa, mira hacia atrás y descubre que solo queda el campo de sorgo.

La mujer del cuento se mantiene fiel al administrador hasta el final, cuando le prepara el banquete, a pesar de que él la trató mal. Su comportamiento refleja la lealtad propia de un perro, y esa lealtad, junto con el maltrato que recibe sin merecerlo, constituye el núcleo de la historia. Así lo sugiere la transformación de la mujer en perro.

El perro leal aparece en muchos otros relatos, aunque no siempre como una presencia benévola. El mito del Perro Celestial presenta a un perro llamado Tiangou, que significa literalmente «perro celestial», que se come el sol o la luna durante un eclipse y al que también se le atribuye la responsabilidad de que algunos matrimonios no puedan tener hijos. El estudioso Edward T.C. Werner escribe:

El perro es la estrella del Perro y, si el «destino» de una familia está regido por esta estrella, no tendrá hijos varones o el niño vivirá poco tiempo. Chang Hsien es el protector de las mujeres en edad fértil y recibe culto de aquellas que anhelan concebir. (178)

Chang Hsien aparece en amuletos y retratos de la dinastía Song como un hombre barbudo que sostiene un arco y una flecha en alto y protege a un niño pequeño. Su función es dispararle al Perro Celestial antes de que pueda causar problemas. Entre los rituales relacionados con Chang Hsien y Tiangou, se encontraba golpear a los perros para expulsar el espíritu de Tiangou de las casas, sobre todo cuando una pareja intentaba concebir. Se consideraba que las fuerzas espirituales influían de manera decisiva en la concepción y, de hecho, en todos los demás aspectos de la vida.

Los espíritus y el daño que podían causar preocupaban mucho a los habitantes de la antigua China, y esa preocupación persiste hasta hoy. La creencia en los fantasmas está tan arraigada que incluso influye en el diseño de las carreteras del país. Se cree que los fantasmas solo pueden caminar en línea recta, por lo que las carreteras se trazan con curvas y desvíos para impedir que ciertos tipos de espíritus sigan a las personas hasta sus hogares.

El collar del perro también se vio influido por estas creencias sobre los fantasmas y su forma de desplazarse. Se colocaban pequeñas campanillas en los collares de los perros para ahuyentar a los espíritus. Esta costumbre sigue siendo habitual hoy en día, incluso en los collares de los shih tzu. Con el tiempo, las madres comenzaron a ponerles a sus hijos collares de perro con campanillas similares para protegerlos de los espíritus invisibles. Se creía que, al oír las campanillas, un fantasma confundiría al niño con un perro y cambiaría de dirección. Como se pensaba que los fantasmas solo podían caminar en línea recta, se suponía que no volverían sobre sus pasos y que el niño estaría a salvo.

La creencia en los fantasmas surgía de la idea de que los muertos seguían existiendo después de la vida y podían ayudar a los vivos, en forma de antepasados, o causarles daño, ya fuera como espíritus inquietos o porque creían haber sido lastimados o deshonrados por los vivos. Se consideraba que los fantasmas eran fuerzas poderosas, capaces de arruinarle la vida a una persona si no tomaba precauciones. Una de las defensas más eficaces contra ellos era el perro. Treistman comenta sobre las prácticas funerarias chinas y la importancia del perro:

Quienes gozaban del prestigio de un linaje y, quizás, en un principio, quienes habían obtenido un reconocimiento especial como líderes en incursiones y guerras, se enterraban en grandes cámaras funerarias, siempre acompañados de un perro. (132)

El perro seguía sirviendo a su amo en el más allá, tal como lo había hecho en vida, al protegerlo de los espíritus malignos y los fantasmas. Según la tradición china, el viaje al más allá comenzaba cuando el alma cruzaba un puente hacia el otro mundo. Allí podía entrar al cielo y reunirse con sus antepasados o, si no era digna, caer desde el puente a un abismo que conducía a una especie de infierno. En algunas versiones del relato, se creía que el perro iba delante de su amo para guiarlo y protegerlo. Su buen carácter y su lealtad brindaban consuelo durante ese último viaje, aunque esas mismas cualidades estuvieron a punto de dejarlo fuera de los animales del zodiaco chino.

El perro ocupa el undécimo lugar en el zodiaco chino y es uno de los signos más populares. Según el relato La gran carrera, que explica cómo surgió el zodiaco, el Emperador de Jade anunció una competencia y prometió que los primeros doce animales en cruzar la meta tendrían un lugar en el cielo nocturno. Diez animales ya habían pasado corriendo junto al emperador, que esperaba en la meta, cuando por fin apareció el perro, dando saltos de alegría. El emperador lo detuvo y le preguntó por qué había tardado tanto si siempre corría tan rápido. El perro le explicó que, durante el camino, se había encontrado con amigos a quienes debía saludar y con quienes quería jugar, pero que nunca había perdido de vista el lugar al que lo habían convocado.

Otra versión del relato sobre el zodiaco cuenta que el perro estaba lejos, en otro país, luchando contra espíritus malignos, y que por eso llegó tarde a la meta. Ambas versiones reflejan la naturaleza del perro: juguetón, amistoso, leal y protector. Se considera que las personas nacidas bajo el signo del perro son honestas, sinceras, leales, enérgicas e inteligentes. Según la astrología china, sus horas más productivas son entre las 19:00 y las 21:00, y, dentro de la dualidad del yin y el yang, pertenecen al yang. Su calidez y lealtad les permiten entablar muchas amistades, y suelen gozar de prosperidad y llevar una vida feliz.

El perro y la antigua creencia en los seres sobrenaturales son protagonistas de una ceremonia china anual conocida como el Día del Barrido de Tumbas, que se celebra alrededor del 4 de abril, durante el festival de Qingming. Las personas visitan las tumbas de los familiares, llevan ofrendas, se aseguran de que estén bien cuidadas y conversan con los difuntos. Sin embargo, el Día del Barrido de Tumbas no se dedica solo a las sepulturas de las personas, sino también a las de sus mascotas.

Durante el festival de Qingming, se rinde homenaje en especial a las tumbas de los perros, y los cementerios para mascotas son cada vez más populares. Desde la década de 1950 hasta la de 1980, tener un perro en Pekín era ilegal, ya que se consideraba un gasto frívolo de recursos. Sin embargo, el Gobierno chino flexibilizó esta restricción y, hoy en día, cada vez más personas tienen perros y destinan sumas considerables de dinero a comprar y mantener sus tumbas después de su muerte.

Durante el Día del Barrido de Tumbas, la gente visita estos cementerios y deja juguetes favoritos, comida y otros objetos como ofrendas para sus perros, del mismo modo en que los chinos honraron a sus antepasados durante siglos. A primera vista, podría parecer que la concepción del perro como un recurso, en lugar de un compañero, cambió de forma radical desde la Antigüedad. Sin embargo, como vimos, el perro siempre ocupó un lugar más importante en la cultura china de lo que muchos creen.