Durante siglos, el Partenón ha sido el mayor imán turístico de Atenas. Pausanias lo adulaba en el siglo II después de Cristo, Elgin lo codiciaba, Byron lloraba por él y, en la actualidad, innumerables grupos de turistas y entusiastas con sus cámaras se arremolinan a su alrededor. Sin embargo, por muy impresionante que sea, hay otros lugares repartidos por la ciudad que casi nadie va a visitar. Son lugares que, sin necesidad de entradas y sin hordas de gente, ofrecen una experiencia más íntima de la ciudad antigua.

Los restos del demo Koile, uno de los antiguos distritos de la ciudad, se pueden ver en el lado oeste de la colina Filopapo. Puedes llegar a él desde el punto de bajada debajo del Partenón, mientras dejas atrás la Acrópolis y subes directamente por el precioso camino pavimentado. Tras una corta subida, hay dos caminos a la derecha. Ve por el segundo y gira inmediatamente a la izquierda, para bajar por un camino rocoso y arenoso. Esto es Koile.

A primera vista, puede parecer que no hay gran cosa allí. Sin embargo, si miras más de cerca, verás los restos de una carretera con ranuras talladas para el paso de las ruedas de los carros y un canal de agua que corre a su lado. Más abajo en la ladera se encuentra la inconfundible forma de las casas talladas en los lados del valle e, incluso, una escalera. Aquí no hay cuerdas que te separen de los restos: puedes pasear libremente, intentando imaginar cómo era esta bulliciosa calle en su apogeo. En su tiempo, estaba protegida por los Muros Largos, un conjunto de fortificaciones que estableció Temístocles para proteger la ruta desde la Acrópolis hasta el puerto de Atenas en el Pireo, de ahí los restos del camino que se pueden ver.

Las murallas se derribaron después de la guerra con Esparta. Por tanto, cuando apareció la siguiente amenaza, esto es, Filipo II de Macedonia (el padre de Alejandro Magno), Koile quedó fuera de las nuevas defensas y lo abandonaron. Más tarde se utilizó como lugar de entierro, por lo que también se pueden distinguir los restos de tumbas, a veces solapando las paredes de las casas. A lo largo del camino que conduce al valle hay varios paneles informativos para ayudarte a ver y entender lo que hay ahí.

Si volvemos a subir la pendiente desde Koile, justo delante, en el camino principal, veremos una tumba excavada en la roca. Esta es la tumba de Cimón (Kimon), un vencedor en las carreras de carros en los Juegos Olímpicos del 536, 532 y 528 antes de Cristo La leyenda (y Heródoto) dice que lo asesinaron los últimos tiranos de Atenas, Hipias e Hiparco, pero hay dudas sobre si esto es cierto. Fue (sin duda) el padre de Milcíades (famoso por su participación en la victoria en Maratón) y abuelo del general ateniense Cimón (también famoso por las victorias sobre los persas). La tumba ahora está vacía, pero si te imaginas el camino de Koile que pasa junto a ella, puedes suponer la importante posición que habría tenido en la Antigüedad. Sin embargo, no hay señales de los caballos ganadores olímpicos que se suponía que debían enterrar frente a él.

Si le das la espalda a la tumba de Cimón, frente a ti verás otro camino que sube la colina, a la derecha del giro que tomaste para ir hacia Koile. Si subes por este camino y giras a la derecha a través de una puerta (que está siempre abierta), habrás llegado al Pnyx. Sigue el camino a medida que va subiendo a través de los árboles hasta que veas una meseta abierta a tu derecha. Desde aquí, las vistas de la Acrópolis son absolutamente impresionantes y te haces una idea más real de cómo se eleva dramáticamente por encima de la ciudad.

Esta meseta es, en realidad, la asamblea del pueblo, como te dirá un pequeño panel de información. Puedes ver la plataforma para el orador tallada en la roca, junto a unos escalones. Desde este lugar, Temístocles abogó por construir la flota que, más tarde, ganaría la Batalla de Salamina, derrotando así el poder de la Armada persa. Desde aquí, Pericles obtuvo la aprobación para reconstruir la Acrópolis y se creó el monumento que (más o menos) podemos ver en la actualidad. Es un lugar realmente magnífico. Las imágenes en el panel de información te ayudarán a reconstruir la distribución semicircular de los asientos que, en su momento, habrían estado frente a la plataforma del orador. Desafortunadamente, la plataforma es la única parte del monumento sobre la que no se puede caminar, pero recomiendo pararse en su base y mirar hacia afuera: el poder de la posición es abrumador.

Si regresas por el camino hacia la tumba de Cimón y giras a la izquierda, pronto verás, a tu derecha, otro pequeño camino. Este conduce a lo que se dice que es la prisión en la que estuvo recluido Sócrates. Ahí verás en la cara de la roca tres aberturas en forma de cueva que han sellado con barras de hierro. Los agujeros cuadrados poco profundos que hay en la fachada nos llevan a entender que, en su momento, los edificios se apoyaban en madera y sobresalían hacia el exterior, tal y como te dirá un panel de información que hay a la izquierda. La designación como prisión de Sócrates, el filósofo al que juzgaron por «corromper a la juventud de Atenas y negar la existencia de los dioses», que declararon culpable y ejecutaron por envenenamiento con cicuta en el 399 antes de Cristo, tiene un origen bastante tardío, por lo que es muy cuestionable. Sin embargo, es solo un pequeño desvío en la ruta y vale la pena ir a verla, aunque solo sea para mitigar el asombro que puedas sentir en la asamblea y el Ágora. La democracia ateniense puede haber sido una innovación fantástica, pero también tenía su lado desagradable.

Si vuelves al punto de bajada debajo de la Acrópolis, puedes girar a la derecha y seguir el Dionysiou Areopagitou a lo largo de la parte inferior de la ladera sur, hacia el Museo de la Acrópolis. El museo en sí es un triunfo. Está organizado de una manera preciosa por dentro y también es muy consciente del paisaje sobre el que se encuentra, a pesar de su aspecto ultramoderno. Porque, debajo del museo, se encuentran los restos de otra parte de la ciudad que se excavó en 1997, cuando se iba a construir el Museo. La zona permite ver varios períodos diferentes de la historia de Atenas, aunque el período antiguo tardío es el más patente, con varias habitaciones que muestran los intrincados suelos de mosaico. Por desgracia, para obtener más información acerca del lugar, debes entrar al museo. Sin embargo, la entrada tan solo cuesta cinco euros, por lo que no supone un gran inconveniente.

Busca la sala redonda con una piscina circular en el centro, la cual se encuentra justo frente a la entrada del museo, que es el vestíbulo de un edificio del siglo VII antes de Cristo Los turistas lanzan monedas a la piscina, lo cual es algo molesto, aunque solo puedo pensar en que el museo debe beneficiarse de estos ingresos extra. En el interior del museo, un suelo de cristal permite ver más de la excavación que hay debajo. En la galería de las laderas de la Acrópolis, sigue mirando hacia abajo para ver un «engainion» del siglo III, el cual se encuentra en el suelo. Un engainion es una ofrenda quemada que hacían los antiguos griegos cuando fundaban un nuevo edificio, para así bendecir la estructura. Luego, lo enterraban en los cimientos. Es muy apropiado que el museo haya reciclado uno para así bendecir la nueva encarnación del lugar.

Mientras estés en Atenas, merece la pena que visites el Ágora antigua, donde se encuentra el templo mejor conservado del mundo griego antiguo, la Biblioteca del emperador Adriano, el Ágora romana y el Templo de Zeus Olímpico (que está solo un poco más lejos de la excavación bajo el museo). También vale la pena visitar la Acrópolis, a pesar de los andamios que, actualmente, ocultan la fachada del Partenón. Las grandes atracciones turísticas lo son por un motivo y, con una entrada combinada que te permitirá acceder a la mayoría de ellas durante cinco días, el precio es muy razonable. Sin embargo, disfruté la exclusividad de los lugares mencionados, de la sensación de vivir algo que la mayoría de los turistas no se toman la molestia de descubrir. Puede que Atenas sea uno de los principales destinos turísticos del mundo, pero aún guarda secretos por descubrir.