Mutapa (también conocido como Matapa, Mwenemutapa y Monomotapa) fue un reino del sur de África situado al norte de la actual Zimbabue, a orillas del río Zambeze, que prosperó entre mediados del siglo XV y mediados del siglo XVII. Aunque a veces se describe como un imperio, hay pocas pruebas de que el pueblo shona de Mutapa llegara a ejercer tal control sobre la región. El reino prosperó gracias a sus recursos locales de oro y marfil; comerciaba con los mercaderes musulmanes de la costa de África Oriental y, posteriormente, con los portugueses durante el siglo XVI. El reino entró en declive al verse debilitado por las guerras civiles, y los portugueses conquistaron su territorio hacia el año 1633.

Para el siglo XV, el reino del Gran Zimbabue (fundado hacia el año 1100) estaba en declive y se habían interrumpido todos los vínculos con el lucrativo comercio costero de Zanguebar. Puede que se debiera a que los yacimientos de oro que controlaba el reino se agotaron. Otros factores podrían haber sido la superpoblación, la sobreexplotación de la tierra y la deforestación, lo que provocó una escasez de alimentos que quizá alcanzó un punto crítico a raíz de una serie de sequías.

En la segunda mitad del siglo XV, los pueblos shona, de lengua bantú, habían emigrado varios cientos de kilómetros hacia el norte desde Gran Zimbabue, a una tierra donde desplazaron a los pigmeos indígenas y a tribus más pequeñas, que huyeron a los bosques y al desierto. Se desconoce la relación exacta entre Gran Zimbabue y Mutapa, salvo que los hallazgos arqueológicos han demostrado que ambos reinos poseían cerámica, armas, herramientas y artículos de lujo, tales como joyas, muy similares.

Así, los shona formaron un nuevo estado, el reino de Mutapa, a partir de alrededor del año 1450, aunque bien podría tratarse de un caso en el que la élite gobernante de Zimbabue cambiara de capital, más que de un movimiento general de la población procedente del sur. El fundador y primer rey de Mutapa fue Nyatsimba Mutota. Según la tradición oral shona, habían enviado a Mutota a explorar las tierras situadas alrededor del recodo norte del río Zambeze y regresó con la buena noticia de que abundaban la sal y la caza silvestre. El segundo rey, Nyanhehwe Matope, hijo de Mutota, ampliaría aún más el reino, apoderándose tanto de tierras como de ganado.

En ocasiones se describe el reino de Mutapa de forma halagadora como el Imperio de Mutapa, a pesar de la falta de pruebas de un aparato administrativo. No obstante, el reino habría tenido el control nominal del territorio al sur del recodo del río Zambeze, en lo que hoy es el norte de Zimbabue y una pequeña franja del sur de Zambia. Aquí, en el valle del Mazoe, un afluente del Zambeze, el reino prosperó y fue capaz de someter a los reinos vecinos de Mannyika, Uteve y Mbara, o como mínimo ejercer algún tipo de dominio sobre ellos. En esta zona también había yacimientos de oro aluvial y de filón, aunque no tan ricos como los que en su día se encontraron en Gran Zimbabue. Más allá de estas zonas, no se sabe hasta dónde se extendían exactamente las fronteras del reino de Mutapa, salvo que su núcleo se situaba en la región de Mukaranga.

Los monarcas gobernaban sobre una población de guerreros que también eran agricultores y ganaderos y que luchaban por la élite gobernante en campañas contra tribus y jefes rivales. En un principio, este sistema funcionó bien, pero los gobernantes no impusieron ningún tipo de aparato administrativo en todo su reino, o no pudieron imponerlo, por lo que su unidad e incluso su misma supervivencia dependían en gran medida de la personalidad y el talento de cada gobernante en particular. Al nombrar a miembros de su propia familia como gobernadores regionales y no crear ninguna institución de gobierno local, cada vez que fallecía un jefe, también lo hacía el aparato estatal, totalmente centralizado. Su sucesor tenía entonces que hacer malabarismos para apaciguar tanto a sus propios seguidores leales como a los hombres poderosos del régimen de su predecesor. El resultado fueron frecuentes guerras civiles entre el rey y aquellos gobernadores que no estaban dispuestos a renunciar al poder. Hacia el año 1490, la parte meridional del reino se separó para convertirse en el reino de Changamire, que prosperaría hasta el siglo XVIII.

Los jefes o reyes de los shona ostentaban el título real de Mwene Mutapa, que significaba bien «señor de los metales» o bien «maestro saqueador», y además eran la máxima autoridad religiosa del reino. Llevaban como insignia de su cargo una azada y una lanza hechas de oro y marfil. Los reyes vivían en un recinto cerrado con edificios separados para la reina y otro grupo destinado a los sirvientes reales. Este último grupo solía estar formado por varones menores de 20 años procedentes de las familias de los jefes tribales sometidos, cuya presencia garantizaba el cumplimiento de las leyes de Mutapa. Cuando estos jóvenes alcanzaban la edad de convertirse en guerreros, los enviaban de vuelta a sus hogares y les concedían parcelas de tierra o sus propias regiones para gobernar, con el fin de asegurar su lealtad futura.

El rey, que gobernaba como monarca absoluto, contaba con la asistencia de diversos funcionarios, tales como el jefe del Ejército, el maestro de música, el jefe de medicina, un médium espiritual principal y el portero real. En asuntos de gobierno, el rey podía recurrir al consejo de nueve ministros, a quienes se denominaba curiosamente «esposas del rey». No todas eran esposas ni siquiera mujeres. La reina era una de ellas, y otra era quizás la hermana del rey, pero el resto podían ser ministros varones que se habían casado con miembros de la familia real. Los ministros gobernaban sus propias tierras y tenían ciertos poderes judiciales, como el de imponer la pena de muerte a quienes fueran declarados culpables de delitos graves. Los ministros contaban con el servicio de sirvientas, similares a los jóvenes que servían al rey. La diferencia era que estas sirvientas también podían ser concubinas del rey. La esposa principal del rey, conocida como la mazaira, sí tenía poder real y era responsable de las relaciones con los extranjeros.

El oro, el marfil, el cobre, las pieles de animales y los esclavos, adquiridos en los territorios bajo el control de Mutapa, se intercambiaban por otros bienes, como tejidos bordados y cuentas de cristal procedentes de India, en las grandes ciudades comerciales que se extendían a lo largo de la costa de África Oriental. Para Mutapa resultaba especialmente importante el puesto avanzado de Sofala, controlado entonces por la ciudad de Kilwa, situada más al norte. A su vez, los comerciantes de Mutapa intercambiaban estos bienes importados por oro y marfil adquiridos de las tribus de las tierras altas. El comercio siempre estuvo en manos de la élite gobernante, y los reyes se enriquecían con los beneficios, una situación que no hacía sino aumentar su prestigio y autoridad, ya que repartían regalos a cambio de lealtad.

A diferencia de otras grandes capitales de reinos del sur de África, como Mapungubwe y Gran Zimbabue, en Mutapa no había yacimientos locales de piedra con los que construir impresionantes casas y murallas. La capital estaba rodeada por una empalizada de madera y los edificios se construían con barro seco y postes de madera. Las estimaciones sobre la población máxima de la capital, basadas en diversas fuentes portuguesas, rondan los 4.000 habitantes. Entre los demás restos de construcciones se pueden encontrar fortalezas erigidas en pequeñas elevaciones, reforzadas con fortificaciones y protegidas con empalizadas de madera.

Fabricaban cerámica pulida, normalmente vasijas de forma bulbosa con cuello corto. La cerámica se abrillantaba con grafito y ocre rojo y se decoraba con sencillas incisiones. Los europeos que entraron en contacto describieron la joyería, que se ha hallado en yacimientos funerarios. Estas piezas incluyen brazaletes, collares y tobilleras fabricados con largas espiras de alambre de cobre, bronce, hierro u oro. También utilizaban cuentas de vidrio importadas para añadir elementos decorativos coloridos a materiales de origen local, como cuentas de cáscara de huevo de avestruz; el conjunto se llevaba a modo de cinturones y collares formados por miles de pequeñas piezas individuales.

Los portugueses comenzaron a establecer su presencia y, después, a controlar las lucrativas ciudades comerciales de Zanguebar tras el viaje de Vasco da Gama en 1498-1499, cuando rodeó el cabo de Buena Esperanza y remontó la costa este de África. A partir del año 1530 intentaron establecer mercados comerciales (feiras) en el interior de Mutapa, interferir en el sistema de gobierno del reino e incluso convertir al rey y a su pueblo a la fe jesuita; todos estos intentos fracasaron y lo único que lograron fue debilitar la posición del rey entre sus súbditos. Otro contacto externo provino de los comerciantes musulmanes suajilis que viajaban con sus mercancías a Mutapa, aunque el reino nunca adoptó la religión islámica y el pueblo se aferró a sus creencias animistas tradicionales bantúes y al culto a los antepasados y a los fetiches.

Hacia 1633, los portugueses optaron por una política más agresiva para controlar los recursos de la región y eliminar a sus grandes rivales, los comerciantes suajilis. Atacaron y conquistaron el reino de Mutapa, que ya se encontraba debilitado por devastadoras guerras civiles, lo que provocó su colapso interno. Una consecuencia positiva para la posteridad fue que los portugueses crearon los primeros registros escritos sobre los pueblos del sur de África. Llamando a Mutapa «Benametapa» en la típica traducción europea distorsionada del vocabulario africano, el explorador portugués Diego De Goes dejó la siguiente nota: «El rey de Benametapa vive a lo grande y se le sirve con gran deferencia, de rodillas» (citado en Ki-Zerbo, 6).

En realidad, los europeos no tardaron en perder el interés cuando el oro que esperaban encontrar resultó ser mucho menos abundante que el que se hallaba en otros lugares, como en África Occidental o en el Perú inca. Las enfermedades tropicales fueron otro factor que hizo que la presencia europea en la región fuera efímera y temporal. Lo que quedó del territorio de Mutapa fue conquistado en 1693 por Batua, un reino shona que había sido su rival desde hacía mucho tiempo. A principios del siglo XX, la región estaba bajo el control de la Compañía Británica de Sudáfrica, y en 1911 se formaron dos nuevos Estados: Rodesia del Norte y Rodesia del Sur. El primero se convertiría en el actual Estado de Zambia en 1964, mientras que el segundo acabó convirtiéndose en Zimbabue en 1980.