El arte que realizaron los escandinavos durante la era vikinga (aproximadamente entre el 790 y el 1100 después de Cristo) consistía, principalmente, en la decoración de objetos funcionales hechos de madera, metal, piedra, tejidos y otros materiales con tallas en relieve, grabados con formas animales y motivos abstractos. El motivo del animal estilizado (arte «zoomorfo»), el más popular del arte de la era vikinga, viene de una tradición que existía en toda Europa noroccidental ya en el siglo IV después de Cristo, pero que en Escandinavia se convirtió en un estilo autóctono plenamente consolidado a finales del siglo VII. A menudo, estos animales se retuercen y se mueven por la superficie (en carros decorados, joyas y armas grabadas, tapices y lápidas) y se entrelazan con otros animales y ornamentos vegetales.

El arte narrativo de la región que cuenta alguna historia solo se puede encontrar en unos pocos ejemplos anteriores a la última etapa de la era vikinga. Por ejemplo, en los escasos tapices que han logrado no deshilacharse con el paso del tiempo y en las piedras con imágenes que se encontraron en la isla de Gotland, en la actual Suecia. Además de las numerosas superficies talladas, también se conservan algunos ejemplos de arte más tridimensional, principalmente en forma de cabezas de animales que se utilizaban para adornar postes, carros o ataúdes.

Se han identificado varios estilos sucesivos y, a veces, superpuestos dentro del arte decorativo de la era vikinga, los cuales suelen llevar el nombre del lugar donde se encontró un ejemplo famoso de ese estilo, tales como:

Cabe señalar que, aunque la madera y los tejidos debieron ser los principales medios del arte de la época vikinga, sus equivalentes en metal y piedra (a menudo más caros) han sobrevivido mejor, lo que genera un sesgo en nuestras fuentes.

En lugar de crear arte por el arte en sí, los escandinavos de la era vikinga se dedicaban casi exclusivamente a las artes aplicadas. Adornaban los objetos cotidianos para que resultaran más agradables a la vista. El arte gráfico más inusual parece coincidir con conocidas historias de la mitología nórdica: se representan escenas como una valkiria dando la bienvenida a un guerrero en el Valhalla o la historia de Sigurd, el matadragones. Como explica Anne-Sofie Gräslund:

La religión impregnaba la vida en la época vikinga y era muy importante en el arte vikingo. Los artistas y los artesanos debieron ser personas importantes, ya que el arte solía crearse como símbolo de prestigio social y a menudo lo encargaban los estratos más altos de la sociedad. Aunque no entendemos gran parte de su significado, al menos podemos estar seguros de nuestras interpretaciones en los casos en que se pueden identificar mitos conocidos de la literatura nórdica antigua. Los elementos de la mitología vikinga están presentes en la ornamentación artística y ese contenido religioso habría resultado evidente para los espectadores de la época. (Fitzhugh y Ward, 62).

El vínculo del arte vikingo con los niveles más altos de la sociedad y con la religión pueden ayudar a explicar por qué los estilos artísticos de la era vikinga eran (en su mayor parte) comunes en toda Escandinavia y en todos los niveles de la sociedad. Copiar también era una práctica habitual, lo cual no resulta extraño si se tiene en cuenta la finalidad decorativa del arte vikingo.

Los materiales preferidos del arte vikingo eran, en su mayoría, elementos que se podían tallar o grabar: madera, piedra, metal... Pero, también, materiales como el hueso y el ámbar. Además, se solían usar tela, cuero u otros tejidos para hacer tapices murales de colores adornados con escenas ilustradas, por ejemplo. Sin embargo, al igual que la madera, estos materiales no resisten demasiado bien el paso del tiempo. Por tanto, la mayor parte del material que podemos estudiar consiste, principalmente, en joyas decoradas o artículos metálicos de uso cotidiano, como arreos para caballos, armas o las grandes y vistosas piedras conmemorativas, las cuales se encuentran en abundancia, sobre todo en Suecia y en la isla de Gotland. No obstante, la madera tallada que ha sobrevivido es espectacular y procede de hallazgos como el barco funerario de Oseberg (en torno a 834 después de Cristo), que estaba ricamente amueblado con un carro de madera bellamente tallado y tres espléndidos trineos, entre otras cosas, así como cinco emblemáticos postes con cabezas de animales talladas en 3D. Estos hallazgos tan poco comunes nos demuestran lo que nos estamos perdiendo.

Las técnicas que se empleaban en el arte de la época vikinga eran, principalmente, el tallado en relieve o el grabado. También se usaban materiales y colores contrastantes y eran populares la filigrana y la granulación. Una joya, por ejemplo, podría estar hecha de bronce dorado, pero decorada con plata. Además, se han encontrado con frecuencia restos de pintura en los objetos de madera y piedra más grandes, lo que revela que, en su día, lucían vivos tonos de negro, blanco y rojo, aunque también se usaban el amarillo, el azul, el verde y el marrón.

Los orígenes de la ornamentación de la era vikinga radican, principalmente, en una tradición germánica europea más amplia que estaba totalmente fascinada por la ornamentación animal y que fue popular en gran parte del noroeste de Europa a partir del siglo IV. Comenzaron con formas animales básicas y, a lo largo de los periodos de las migraciones y de la era de Vendel (en torno a 375-800 después de Cristo), cuando se produjeron migraciones masivas por toda Europa, Escandinavia fue adoptando poco a poco una ornamentación animal más desarrollada, influenciada por el arte escita, oriental, celta y romano a lo largo del proceso.

A principios del siglo XX, el arqueólogo sueco Bernhard Salin dividió la ornamentación germánica anterior a la era vikinga en tres estilos: los estilos I, II y III. El estilo I, que prosperó en el siglo VI en el noroeste de Europa, consistía en tallar muescas en el metal para decorar objetos con partes del cuerpo de animales, principalmente a lo largo de los bordes de motivos abstractos. El estilo II fue popular en todas las culturas germánicas durante el siglo VII. Se centraba en animales no naturalistas (incluidos animales depredadores poco comunes) que formaban patrones entrelazados, así como en la imagen aristocrática de un caballo y su jinete. Por el contrario, desde el siglo VII hasta principios de la era vikinga, el estilo III se desarrolló dentro de la propia Escandinavia. Su motivo básico solía consistir en dos animales en forma de banda vistos de perfil, con los hombros y las caderas calados y prolongaciones en forma de zarcillos y los cuerpos dispuestos en forma de lira. Aunque este estilo fue cambiando a lo largo de los siglos siguientes, el diseño del animal de perfil siguió siendo un motivo central en el arte escandinavo hasta la Edad Media (e incluso más allá, ya que se mantuvo vivo en los géneros del arte popular, aunque, por lo demás, quedó en desuso).

El estilo E es, en lo que respecta a las fechas, el primero de los estilos de ornamentación animal propiamente de la era vikinga. Suele considerarse una subcategoría o una ramificación del estilo III y estuvo de moda desde la segunda mitad del siglo VIII hasta casi finales del siglo IX. Aunque, en general, está relacionado con la tradición germánica más amplia, este estilo es nativo de Escandinavia. Los animales, a menudo enmarcados, se volvieron aún más abstractos que antes, con cuerpos largos, casi en forma de cinta, curvados y con extremidades entrelazadas que se transformaban en bucles abiertos y zarcillos. Sus cabezas son pequeñas y se muestran de perfil, pero tienen ojos grandes y saltones. Entre las variantes específicas se encuentran una criatura de doble contorno con un cuerpo casi triangular, cabeza con pico y patas bifurcadas; un animal de cabeza redonda, con pequeñas garras y una aleta; y el destacado estilo de la llamada «bestia agarradora». Anne-Sofie Gräslund describe de forma vívida esta «bestia agarradora»:

Su cuerpo delgado y alargado contrasta con sus grandes y musculosos hombros y caderas. Sus patas terminan en garras que se aferran con fuerza a todo: al borde de la ornamentación, a los animales cercanos o a su propio cuerpo. La bestia, similar a un tigre, parece estar llena de energía y aferrarse al conjunto a toda costa. (Fitzhugh y Ward, 63-64).

El estilo E se conoce a veces como «estilo Oseberg» o «estilo Broa», debido a los famosos hallazgos de gran calidad en la sepultura del barco de Oseberg y en las tumbas descubiertas en Broa, en Gotland. En Broa, se encontraron 22 guarniciones de brida de bronce dorado en una tumba, lo que indica que el caballo de su propietario, claramente adinerado, estaría muy bien equipado. Las decoraciones muestran animales con unos ojos tan grandes que no queda mucho espacio para el resto de la cabeza. Por supuesto, se trata de piezas destacadas. Otros elementos más básicos, como los broches ovalados que se usaban para abrochar la ropa de las mujeres, también solían decorarse con este estilo, lo que demuestra que estaba muy extendido en la sociedad escandinava en general.

Hacia mediados del siglo IX, el estilo Borre hizo su gran aparición, sucediendo al estilo E, y se mantuvo popular hasta finales del siglo X. En plena sintonía con las bestias agarradoras ya presentadas, el motivo principal del estilo Borre sitúa a la bestia en el centro de todas las miradas. Domina la escena una única bestia agarradora retorcida, cuyo cuerpo forma una especie de cinta curvada entre sus dos caderas y cuyo rostro es triangular (felino o enmascarado), con las garras aferradas al borde o a parte de su propio cuerpo. Una segunda variante representa un animal seminaturalista visto de perfil. El rasgo más característico del estilo Borre es la introducción de la trenza de cinta, conocida como «cadena de anillos». Imagina dos cintas entrelazadas, cuyas intersecciones están superpuestas con círculos entrelazados cubiertos de rombos u otras figuras geométricas. Se podían añadir muescas transversales para dar más brillo. Además, la filigrana y la granulación eran técnicas muy utilizadas.

El estilo Borre recibe este nombre porque fue en Borre (Vestfold, Noruega) donde se encontró una sepultura naval en la que se hallaron guarniciones de bronce dorado con este estilo. Fue muy popular no solo en Escandinavia, sino también en todas las colonias vikingas. Como en ese momento la expansión vikinga estaba en su punto máximo, el estilo Borre apareció (en formas más o menos puras) desde las islas Británicas, incluidos Gales y Escocia, hasta Rusia y Europa del Este e, incluso, Bizancio. Como concluye David Wilson, «ningún otro estilo estuvo tan extendido» (Brink y Price, 328). Debido a la conversión gradual de Escandinavia al cristianismo a finales del siglo X, el estilo Borre abarca el último periodo completo del paganismo y las costumbres funerarias que lo acompañaban, lo que quizás explique la gran cantidad de objetos Borre que se han conservado.

El estilo Jelling (o Jellinge), que probablemente surgió por primera vez justo antes del año 900 después de Cristo, floreció a mediados del siglo X y, luego, evolucionó gradualmente hasta convertirse en su sucesor, el estilo Mammen. Artísticamente cercano al estilo Borre, y en gran medida contemporáneo con él, el estilo Jelling es menos común y parece inspirarse en el estilo III del periodo Vendel pre-vikingo (en torno a 550-800 después de Cristo) y en el estilo E, con sus animales en forma de cinta vistos de perfil. Su motivo principal es una bestia en forma de «S» con el cuerpo decorado con abalorios o diseños, generalmente con doble contorno, cuya cabeza aparece de perfil y luce un ojo redondo y zarcillos que brotan de la nariz y el cuello. Los animales suelen ir acompañados de cintas entrelazadas y motivos vegetales. El estilo Jelling rara vez se fusiona directamente con el estilo Borre, pero se han encontrado algunos objetos que presentan ambos estilos.

El estilo Jelling recibió su nombre por una pequeña copa de plata decorada de este modo, que se encontró en un lugar de enterramiento real en Jelling, Dinamarca. Al igual que el estilo Borre, fue popular no solo en Escandinavia, sino también en Rusia y en las islas Británicas. El norte de Inglaterra llegó incluso a convertirse en el hogar de un estilo mestizo angloescandinavo que contenía elementos claramente del estilo Borre y del Jelling.

El estilo Mammen evolucionó a partir del estilo Jelling a partir del 950 después de Cristo, aproximadamente. Prevaleció durante algunas décadas, mientras se iba fusionando poco a poco con el estilo Ringerike, que le sucedió. El estilo dejó de verse alrededor del año 1000. Su motivo principal destaca mucho, pues se trata de una gran bestia de cuatro patas (un grifo o un león) con el cuerpo de doble contorno y las caderas y los hombros en forma de espiral, que lucha contra una serpiente. El motivo del estilo Mammen es atrevido y dinámico, con una disposición asimétrica (no se alinea con el eje de la superficie) y se adorna con ornamentación vegetal, como crestas en forma de acanto. Las formas de acanto revelan una probable influencia inglesa; se asemejan mucho al estilo anglosajón de Winchester y, probablemente, llegaron a los tallistas daneses durante la primera mitad del siglo X, cuando la presencia danesa en Inglaterra estaba en su apogeo. El león o el grifo tampoco es un motivo de origen escandinavo, lo que sugiere una influencia cristiana, por lo que también podría haber llegado por esta vía, aunque esta historia es más difícil de rastrear.

El ejemplo más famoso de este estilo es una piedra rúnica hallada en Jelling (Dinamarca), conocida popularmente como la piedra de Jelling, que representa a esta icónica gran bestia retorciéndose y enroscada a una serpiente. Por lo demás, aunque no se conservan muchos objetos de Mammen, el estilo se encuentra por toda Europa, desde Ucrania hasta España, las islas Británicas y, obviamente, en la propia Escandinavia.

El estilo Ringerike evolucionó a partir del estilo Mammen hacia el año 990 y siguió siendo popular hasta, aproximadamente, el año 1050. Este estilo, que debe su nombre a las piedras conmemorativas de Ringerike (al norte de Oslo, Noruega), se parece mucho a su predecesor, sobre todo en lo que respecta a los grandes motivos animales: serpientes curvadas, leones o animales con forma de cinta y posturas dinámicas. Sin embargo, mientras que el estilo Mammen tiene ornamentos más ondulados y caóticos, los diseños de Ringerike se disponen sobre un eje y presentan una asimetría más disciplinada y básica, con volutas de motivos vegetales, zarcillos y bucles tensos y uniformemente curvados. Estos elementos adquieren aún más importancia en el diseño general y crean una sensación de movimiento elegante y lleno de matices, aunque los animales empiezan a ser motivo de preocupación al ver la cantidad de zarcillos y plantas que brotan de sus cuerpos. Por suerte, algunos de estos zarcillos también crecen solos.

El estilo Ringerike predomina en las piedras rúnicas del sur y el centro de Suecia, así como en Gotland, aunque también aparece en Dinamarca y, con una forma modificada, en Noruega. En la orfebrería, el estilo tampoco se quedó atrás y se conservan algunos ejemplos espléndidos, como dos veletas de cobre dorado encontradas en Suecia (una de Källunge, Gotland, y otra de Söderala, Hälsingland). Los bucles parten de un eje y adoptan la forma de serpientes de las que brotan zarcillos colocados de forma simétrica. Ambas cabezas tienen un ojo en forma de pera cuya punta apunta hacia el hocico, una característica típica del estilo Ringerike. Los motivos de acanto, otro elemento básico de este estilo y de probable influencia inglesa, ocupan dos esquinas. Se cree que el estilo Ringerike lo llevó hasta Inglaterra Canuto el Grande (que reinó en 1016-1035 después de Cristo), rey de Dinamarca, Inglaterra y Noruega, por lo que fue popular e influyente en todas las islas británicas. Se adoptó con especial entusiasmo en Irlanda, donde caló tanto que se desarrolló de forma independiente y llegó incluso a aparecer en objetos procedentes de contextos irlandeses autóctonos, como el báculo pastoral de Clonmacnois.

El último de los estilos artísticos escandinavos basados en la ornamentación animal es el estilo Urnes, que alcanzó su máxima popularidad entre aproximadamente los años 1040 y 1100 después de Cristo Debido a su prevalencia en las piedras rúnicas de Uppland (Suecia), el término «estilo de piedra rúnica» también se encuentra allí. Sofisticados, elegantes y estilizados, incluso decadentes, los diseños de Urnes suelen ser asimétricos y formar una masa de animales y serpientes entrelazados, sinuosos y curvados. No hay transiciones bruscas ni interrupciones en las líneas. Su motivo característico es una gran bestia de cuatro patas que, a menudo, lucha con las serpientes que la rodean y se muerden entre sí. También hay animales parecidos a galgos o ciervos, con cuellos largos y cabezas delgadas, junto a unas criaturas semejantes a serpientes (a veces, con una pata delantera; otras, solo un zarcillo que termina en una cabeza de serpiente) que se enroscan alrededor del diseño, creando bucles en forma de ocho. Los ojos puntiagudos y almendrados ocupan casi toda la cabeza, que suele verse de perfil. También existían variaciones, las cuales se aprecian con mayor claridad en la orfebrería de la época.

El estilo recibió su nombre de la iglesia de madera de Urnes (en Sogn, al oeste de Noruega), que se reconstruyó en el siglo XII y en la que se reutilizó madera decorada de una época anterior que presenta este estilo concreto. El estilo Urnes se encuentra a menudo en un contexto cristiano, lo que pone de manifiesto la idea de que los estilos artísticos de la época vikinga no eran específicamente «paganos», sino que formaban parte de la sociedad en general. Fuera de Escandinavia, se puede encontrar a veces en Inglaterra y, al igual que el estilo Ringerike, gozó de especial popularidad en Irlanda. Aquí, el estilo Urnes floreció desde aproximadamente el año 1090 hasta finales del siglo XII (e incluso más allá). Influyó no solo en la orfebrería, sino también en la talla en piedra y en la decoración de manuscritos.

Aunque el uso de la ornamentación animal empezó a decaer hacia el año 1100, no desapareció de forma abrupta y, de hecho, se empleó en algunos objetos eclesiásticos de principios del siglo XII (Escandinavia era cristiana desde, más o menos, el año 1000). El altar de Lisbjerg de Jutlandia (Dinamarca), por ejemplo, combina el estilo vikingo autóctono con el románico europeo. Además, el arte animal siguió utilizándose en la sociedad campesina durante muchos siglos después del final de la era vikinga, lo que, sin duda, da fe de su papel y atractivo en esta cultura.