Lars Porsena fue un rey etrusco semilegendario de Chiusi que, como es sabido, atacó y seguramente ocupó Roma en torno al año 508 antes de Cristo cuando, poco tiempo antes, la ciudad había exiliado a su último rey y estaba proyectándose para convertirse en una república. Su extravagante tumba fue descrita por Plinio el Viejo, pero nunca se ha encontrado.

No se dispone de detalles de la juventud de Lars Porsena (también escrito Porsenna, Porsina o Pursenas), ni de su ascenso, ni siquiera de las fechas de su reinado. Quizás, esto no sea sorprendente cuando nos referimos a una figura que es más una leyenda que un hecho. Surgió en la historia solo gracias a los registros de historiadores griegos y romanos que se escribieron siglos después del tiempo en que vivió él y solo estaban interesados en su asedio infame de Roma. Más se sabe sobre su reino de Chiusi, cuyo nombre etrusco era Clevsin y Clusium para los romanos, que era una ciudad poderosa en Italia central y un miembro destacado de la Liga etrusca. La evidencia arqueológica atestigua el crecimiento y la prosperidad de Chiusi precisamente en el período del reinado de Porsena.

Lucio Tarquinio el Soberbio fue un miembro del clan de la Tarquinia etrusca (conocida como Tarquinii en la Antigüedad). Fue el séptimo y finalmente el último rey de Roma. Después de su reinado tiránico y de la violación de la noble romana Lucrecia por el hijo de Tarquinio, Sexto, y de su subsecuente suicidio, los aristocráticos de Roma en 510 antes de Cristo, dirigidos por Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino, persuadieron a la Asamblea de que exiliaran a su rey. Bruto y Colatino se autodeclararon los primeros cónsules de Roma y la República romana nació. Sin embargo, Tarquinio, para ser exactos, estaba asediando Ardea en el momento en que se votó su exilio y así estaba dispuesto y era capaz de intentar retomar en serio su trono. Al principio, Tarquinio juntó sus fuerzas con las de las ciudades etruscas de Cerveteri, Tarquinia y Veyes. Una fuerza combinada atacó Roma, pero fue derrotada en la batalla de Silva Arsia. Entonces, Tarquinio, impertérrito, convenció a Lars Porsena de que asediara Roma en torno a 508 antes de Cristo

La motivación exacta del ataque de Porsena no está clara. Tradicionalmente, este segundo ataque se consideraba como un intento para restaurar la monarquía de Roma y a Lucio Tarquinio en el trono, pero después del asedio de la ciudad por Porsena, en vez de esto, él hizo una de las dos cosas siguientes. La primera versión cuenta que Porsena finalmente se retiró después de haber quedado impresionado por la fortaleza de la ciudad y especialmente por el heroísmo de figuras tales como Horacio Cocles (el Tuerto) y Cayo o Gayo Mucio Escévola.

Horacio Cocles había defendido con valor el puente Aventino Sublicio, que en aquel tiempo era el único acceso a través del río Tíber, contra la entera fuerza de combate de Porsena hasta que el puente pudiera ser destruido y se pudiera detener el avance del ejército. Atrapado del lado opuesto del río, el héroe tuvo que nadar de vuelta para ponerse a salvo. Mientras tanto, Mucio Escévola quizás fue aún más atrevido y entró a hurtadillas al campo de Porsena (para entonces, el rey etrusco había procedido con el asedio de la ciudad) para intentar matar al rey en su propia tienda. Desafortunadamente, Mucio no sabía qué aspecto tenía Porsena y así mató por error al secretario del rey que estaba sentado al lado de su amo. Capturado, Mucio mostró con valor su resistencia a la tortura al poner voluntariamente su mano izquierda en el fuego (de aquí su nombre Escévola, que significa zurdo).

Entonces, Porsena, al ver que tal pueblo heroico no sería aplastado, le dio el mando de la mitad de su ejército a su hijo Arrunte, que partió para atacar el pueblo latino de Ariccia. Entonces aparece una tercera figura heroica que los escritores romanos no pudieron resistirse a registrarla para la posteridad: Clelia. Ella era una de entre varios rehenes que Porsena tomó para garantizar la retirada segura de las tropas de la ciudad, pero se escapó y nadó cruzando el Tíber. Impresionado por su valentía, Porsena la liberó junto con la mitad de los otros rehenes romanos que mantenía, todos ellos escogidos por Clelia.

La segunda versión, y una mucho más creíble, cuenta que Porsena salió victorioso y que Roma se rindió ante el rey etrusco, que entonces, al contrario de reinstalar a Tarquinio el Soberbio, actuó para abolir la monarquía de Roma e impuso un tratado de paz duro que incluía el desarme completo y la entrega de todas las tierras en la ribera derecha del Tíber. Entonces, Porsena utilizó la ciudad como una base militar para atacar las ciudades latinas, comenzando en 504 antes de Cristo, con Ariccia.

Es natural que esta versión fuera menos agradable para un lector romano que la primera versión heroica. También parecería improbable que Porsena y Tarquinio pudieran haber sido aliados dada su antigua rivalidad y la alianza de este último con los enemigos tradicionales de Chiusi: los latinos de Lacio y los de Cumas. Dionisio de Halicarnaso además declara que los de Tarquinia habían deshonrado a los embajadores romanos y a los rehenes; y por esta razón, había una ruptura entre el antiguo rey y Porsena. Al final, Arrunte sería derrotado en Ariccia (la ciudad tenía el apoyo de Cumas) y murió en combate. Entonces, el resto de los efectivos del ejército de Porsena se pusieron en camino de vuelta a Roma.

Mientras tanto, Tarquinio, el antiguo rey de Roma, se vio forzado a refugiarse con su yerno Octavio Mamilio, el dictador de los latinos (según una versión de la leyenda), que buscó, lo que es más bien improbable dada la antigua rivalidad entre Roma y las ciudades latinas, restaurar a Tarquinio en el trono. Después de la derrota de Mamilio en la batalla del lago Regilo (499 o 496 antes de Cristo) a favor de los romanos (ayudados por la llegada de las figuras semidivinas de Cástor y Pólux), Lucio Tarquinio se trasladó a Cumas en Campania donde murió en el año 495 antes de Cristo

No se sabe lo que le sucedió a Porsena después de su retirada de Roma, aparte de que se respetó la paz entre Chiusi y Roma. La aparición siguiente y final de Porsena en la literatura es una descripción detallada de su tumba hecha por el escritor romano, Plinio el Viejo, que cita palabra por palabra el texto de Varrón. Situada en las afueras de las murallas de la ciudad de Chiusi, su descripción es la siguiente:

… en aquel lugar dejó un monumento de piedra cuadrada, de trescientos pies de ancho por cada lado, y quinientos de alto, y dentro de la base cuadrada un laberinto inextricable, y enmarañado, en el cual si entrase alguno sin un ovillo de hilo no podrá hallar la salida; sobre aquel cuadrado están cinco pirámides, cuatro en los ángulos, y una en medio por lo más bajo de setenta y cinco pies de ancho cada una, y altas ciento y cincuenta, y van ensanchándose de manera que tienen en lo alto por remate un orbe, o globo de metal, y un sombrero puesto sobre cada uno, del cual están pendientes asidas con cadenas unas campanillas, que movidas con el aire se oye muy lejos su sonido, como antiguamente estuvo hecho en Dodona. Y sobre aquellos globos están cuatro pirámides, que cada una tiene cien pies de alto, sobre las cuales puesto un suelo plano están cinco pirámides…

Cayo Plinio Segundo, Historia Natural. Traducido por Gerónimo de Huerta, página 675.

La descripción puede ser exagerada y no hay ningún rastro de que en algún momento la tumba se haya encontrado a pesar de los numerosos intentos en la vecindad de Chiusi. Aún así, el hecho de que tal monumento fuera considerado verosímil por los romanos es testimonio de la riqueza y del poder de la Chiusi etrusca y de su más grandioso rey.

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Cayo Plinio Segundo, Historia Natural. Traducido por el Lic. Gerónimo de Huerta. Tomo segundo, primera edición imprimida en Madrid por Juan González, año 1629, página 675. https://archive.org/details/bub_gb_geesjwrf2lcc_202509/page/677/. Consultado el 22 de agosto de 2026.