Las comidas en el Mediterráneo antiguo giraban en torno a los alimentos básicos habituales: cereales, verduras, fruta y aceite de oliva, con alguna que otra ración de pescado y carne para quienes podían permitírselo. Los fenicios y los griegos difundieron su gastronomía por todos los territorios que colonizaron, desde el mar Negro hasta el sur de España, y los romanos harían lo propio en los siglos posteriores. Los cocineros romanos destacaron especialmente por encontrar formas de conservar los alimentos y potenciar su sabor mediante especias importadas y el garum, su especialidad de salsa de pescado. Al otro lado del mundo, en Mesoamérica, el maíz era el rey, hasta el punto de tener su propio dios. Más al sur, los incas eran maestros a la hora de modelar el paisaje para crear terrazas de alto rendimiento y redes de almacenes. En el antiguo Japón, el arroz era un alimento tan importante que no solo tenían un dios nacional del arroz, sino también muchos dioses locales. Allí, el arroz se preparaba de todas las formas posibles, desde arroz blanco al vapor hasta gachas de arroz, gelatina de arroz dulce y vino de arroz. En esta recopilación de recursos, analizamos qué cultivaban los pueblos antiguos, cómo cocinaban, cuándo comían y qué asociaciones religiosas y culturales tenían determinados alimentos.

En el mundo inca, la comida se preparaba sobre fuegos de leña o de excrementos de llama, utilizando un fogón de piedra o arcilla, por lo que la mayoría de los alimentos se hervían o se asaban. El maíz se cocinaba en forma de pequeñas tortas o se tostaba, mientras que las palomitas de maíz se consideraban un manjar especial.