La fundación de la dinastía asiria se puede remontar hasta Zulilu, que se dice que vivió después de Bel-kap-kapu (en torno a 1900 antes de Cristo), el ancestro de Salmanasar I. La ciudad-Estado de Assur fue cobrando importancia en el norte de Mesopotamia y fundó colonias de comercio en Capadocia. El rey Shamshi-Adad I (1813-1791 antes de Cristo) expandió los dominios de Assur al derrotar al reino de Mari, con lo que creó el primer reino asirio.

Con el ascenso de Hammurabi de Babilonia (en torno a 1728-1686 antes de Cristo) y su alianza con Mari, Asiria fue conquistada y reducida un Estado vasallo de Babilonia.

En el siglo XV antes de Cristo los hurritas de Mitanni saquearon Assur e hicieron de Asiria un vasallo. Cuando Mitanni colapsó bajo la presión de los hititas en Anatolia, Assur volvió a ascender al poder con Ashur-Ubalit I (1365-1330 antes de Cristo). Casó a su hija con el gobernante casita de Babilonia, con resultados desastrosos: la facción casita de Babilonia asesinó al rey e instaló a un pretendiente en el trono. Entonces, Ashur-Ubalit se dirigió a Babilonia y vengó a su yerno.

Salmanasar I (1274-1245 antes de Cristo) declaró que Asiria ya no era un vasallo de Babilonia y afirmó su supremacía sobre el oeste de Asia. Luchó con los hititas de Anatolia, conquistó Carquemís y estableció más colonias en Capadocia. Su hijo, Tukulti Ninurta I (que reinó de 1243 a 1207 antes de Cristo) conquistó Babilonia y mató a su rey, Bitilyasu, con lo que convirtió a Asiria en la potencia dominante de Mesopotamia. Gobernó en Babilonia durante siete años y asumió el antiguo título imperial de «rey de Sumeria y Acadia». Durante la revuelta babilónica, fue asesinado por su hijo Ashur-nadin-apli. Babilonia volvió a ser una vez más independiente de Asiria.

Tiglat-Pileser I (1114-1076 antes de Cristo), uno de los grandes conquistadores asirios, extendió el resto del imperio por Armenia en el norte y Capadocia en el oeste. Cazó toros salvajes en el Líbano y recibió un cocodrilo de un faraón egipcio.

Se sabe muy poco de los sucesores directos de Tiglat-Pileser, y es con Asurnasirpal II (883-858 antes de Cristo) con quien volvemos a retomar la historia de Asiria. El imperio se volvió a expandir en todas direcciones y los palacios, templos y otros edificios construidos por Asurnasirpal II son testigos de un desarrollo considerable de riqueza y arte. Nimrud (también conocida como la ciudad bíblica de Calaj) se convirtió en la residencia favorita del monarca, quien se distinguió incluso entre los conquistadores asirios por su repugnante crueldad. Su hijo, Salmanasar II (1031-1019 antes de Cristo) continuó con la expansión de Asiria y militarizó el país aún más.

Cuando Nabu-nazir ascendió al trono de Babilonia en 747 antes de Cristo, Asiria estaba sumida en una revolución. En 746 antes de Cristo Calaj se unió a los rebeldes y su líder, Pulu, adoptó el nombre de Tiglat-Pileser III, se hizo con la corona e inauguró una política nueva y vigorosa.

Durante el periodo asirio medio, las ciudades de Assur, Nimrud y Nínive ascendieron a la prominencia en el valle del Tigris. Babilonia siguió siendo la ciudad más importante y probablemente la más grande del periodo.

Bajo el gobierno de Tiglat-Pileser III (que reinó de 745-727 antes de Cristo) surgió el Imperio neoasirio, que se diferenciaba del primero en su mayor grado de consolidación. Por primera vez en la historia, se introdujo en la política la idea de la centralización; las provincias conquistadas se organizaron mediante una burocracia elaborada y cada distrito tenía que pagar un tributo previamente fijado y proporcionar un contingente militar.

Las fuerzas asirias se convirtieron en un Ejército profesional y una máquina de guerra imparable. La política asiria se caracterizó por su interés por la conquista de todo el mundo conocido. Con este objetivo en mente, Tiglat-Pileser III aseguró las rutas de comercio al Mediterráneo junto con los puertos fenicios y después se hizo señor de Babilonia. En 729 antes de Cristo alcanzó la cima de su ambición y fue investido con la soberanía de Asia en la ciudad santa de Babilonia. Con la conquista de Israel (745-727 antes de Cristo) empezaron las primeras oleadas de deportaciones israelitas.

A Tiglat-Pileser lo sucedió su hijo Salmanasar V (que reinó 727-722 antes de Cristo), pero que murió poco después. Luego, el trono fue ocupado por el general Sargón II (que reinó de 722-705 antes de Cristo), quien conquistó la fortaleza hitita de Carquemís y anexó Ecbatana. A este se lo consideró el sucesor de Sargón de Acadia. Su hijo Senaquerib (que reinó de 704-681 antes de Cristo) no fue un rey igual de hábil y nunca fue coronado en Babilonia; al final destruiría la ciudad sagrada. Bajo su reinado, se construyó Nínive, que se convertiría en un nuevo centro del poder asirio, afamada por su biblioteca de tablillas de cuneiforme. Sin embargo, el suyo fue un reinado del terror y, cuando fue asesinado, sus súbditos sintieron el mismo alivio que sus enemigos.

Asarhaddón (que reinó de 681-669 antes de Cristo) asumió el trono después de Senaquerib y le devolvió a Babilonia su antigua gloria, convirtiéndola en la segunda capital del Imperio asirio. En 674 envió a los ejércitos asirios a invadir Egipto y lo conquistaron. Dos años más tarde, los egipcios se rebelaron y, mientras marchaba a la región a lidiar con la revuelta, cayó enfermo y murió.

Después de él llegó Asurbanipal (que reinó de 685-627 antes de Cristo) y su hermano Samas-sum-yukin fue nombrado virrey de Babilonia. No obstante, este arreglo no funcionó y Samas-sum-yukin no resultó ser un líder popular entre los babilonios, que se rebelaron. Tras varios años de guerra, durante los cuales Egipto recuperó su independencia con la ayuda de mercenarios enviados por Giges de Lidia, los asirios consiguieron ponerle fin a la rebelión babilónica. Poco después, Elam también se rebeló y su capital, Susa, fue arrasada. Esto acabó por drenar las arcas del Estado.

Los escitas y los cimerios invadieron Asiria desde el este y el norte y, cuando Asurbanipal murió, su imperio estaba al borde del colapso a causa de la presión externa. Al final, el rey babilonio Nabopalasar (que gobernó de 625-605 antes de Cristo), junto con Ciáxares de los medos (que gobernó de 625-585 antes de Cristo), destruyó Nínive en 612 antes de Cristo, hecho que marcó el final del Imperio asirio.