Alexandra David-Néel (1868-1969) fue una trotamundos, escritora y budista espiritual quien escribió cerca de 30 libros en torno a sus viajes que la llevaron por 30.000 km (18.641,136 millas) alrededor del mundo a pie o por varios medios. Sus trabajos influenciaron a los escritores de la Generación Beat y,permanece como un ícono inspiracional para muchos en el presente.
Nació en un barrio de París, Francia durante la era victoriana (1837-1901) caracterizada por su adhesión a las creencias y «valores tradicionales». La «moralidad victoriana» es hoy un sinónimo para puritanismo y se suele hablar del periodo como «mojigato» y conservador aun cuando la segunda parte del siglo XIX fue testigo de innovaciones extraordinarias en el pensamiento y el progreso cultural, proporcionando varias oportunidades para la expresión personal.
Estas recién descubiertas libertades, no obstante, fueron mayoritariamente reservadas para los hombres. En el sistema de valores de la Europa victoriana, las expectativas para una mujer joven eran bastante claras: casarse de la manera más respetable posible, tener hijos y mantener un hogar. Frente a este escenario, David-Néel rechazó los valores impuestos sobre ella y eligió vivir una vida tal cual quería. Aunque no tan conocida como su contemporánea Gertrude Bell (1868-1926), Alexandra David-Néel era tan talentosa como ella y su influencia fue igual de significativa.
En los casi 101 años que vivió, David-Néel viajaría por miles de kilómetros a pie, caballo, yak, burro, palanquín, bote, avión y por cualquier otro medio, escribiría cerca de 30 libros, sería la prima donna de una compañía de ópera, dirigiría un casino, se sentaría a los pies de los filósofos y ocultistas como Sri Aurobindo (1872-1950) y Madame Blavatsky (1831-1891) y sería la primera mujer europea en visitar la ciudad de Lhasa en el Tíbet.
Nació el 24 de octubre de 1868 como Louise Eugénie Alexandrine Marie David en Saint-Mande (un barrio de París), la única hija del masón protestante Louis David (un pariente del pintor Jacques Louis David, 1748-1825) y Alexandrine Borghmans, una católica de Bélgica. Sus padres, de creencias religiosas divergentes, tenían poco en común y su matrimonio fue en gran medida de conveniencia; Alexandrine tenía dinero, pero carecía de derechos sin esposo, y Louis era un pobre maestro de escuela en busca de una mujer acaudalada para casarse por su estabilidad financiera.
De niña, a David-Néel le fascinaron los trabajos del escritor Julio Verne (1828-1905) y se entretenía imaginando aventuras fantásticas que ella misma viviría algún día. Empezó a intentar convertir en realidad estos sueños a una edad joven y huyó de casa cuando tenía cinco años. Su motivación pudo haber sido el nacimiento de su hermano Louis Jules (quien fallecería en seis meses) o la decisión de sus padres de mudarse del barrio parisino de vuelta a Bélgica en 1873.
Cualquiera que haya sido su motivación, su temprana huida de casa se convertiría en un signo característico de su fuerte deseo de libertad. Alguna vez escribió que se sentía melancólica por una tierra que no era suya, y que jamás podría asentarse en una vida predecible y cómoda como la de sus padres y la que, después, su esposo esperaba proporcionar. Cuando tenía 15 años y mientras la familia estaba de vacaciones en Ostende, David-Néel cruzó hacia los Países Bajos y agendó un pase hacia Inglaterra.
Ella había iniciado un interés por lo oculto desde temprana edad y escribió a una mujer inglesa, Elizabeth Morgan, por sus intereses literarios. El folleto que le envió Morgan le fascinó, por lo que decidió conocerla y hablarle. Morgan era miembro de la Sociedad de la Gnosis Suprema, una rama de la Sociedad Teosófica de Madame Blavatsky quien estuvo impresionada por la niña que se apareció en su puerta. Obligó a David-Néel a volver a casa con sus preocupados padres, pero una relación se había forjado en su breve reunión que tendría un impacto significativo en el resto de la vida de David-Néel.
La Sociedad Teosófica, fundada por Blavatsky, formó parte de las diversas innovaciones intelectuales del siglo XIX. El desafío de 1859 por parte de Darwin hacia las verdades religiosas establecidas permitió a las personas explorar otras vías espirituales más allá del cristianismo sin ser denominados «herejes». La Teosofía consideraba que los seres humanos eran una sola familia y todas las religiones eran simplemente diferentes expresiones de una verdad singular. David-Néel quedó cautivada de inmediato por este concepto y se asociaría de por vida con diferentes secciones de este grupo. Las personalidades opuestas de sus padres —un protestante liberal y una católica conservadora—le habían mostrado que ambas visiones religiosas eran igualmente válidas e incompletas. La teosofía era la opción natural para esta joven.
Seguía a su padre por todas las calles de París y, posteriormente, por las de Bruselas, y hacia la campiña con sus perros de caza. Cuando no estaba en estas excursiones, estaba leyendo a Agustín de Hipona, a Kierkegaard, a Platón y otras obras similares. Le atraían los escritos de la disciplina estoica de comer y vivir simplemente, y no tenía más que tablas por cama. Su búsqueda espiritual la llevó a las filosofías orientales, el budismo y los trabajos de los monjes budistas, así como el autocontrol del noble sendero óctuple.
A los 15, comenzó a estudiar música y canto, y se consideró que tenía un gran talento natural. No obstante, su obsesión con la idea de viajar por la mera idea de hacerlo se apoderó de ella y, a los 17 salió de excursión y continuó caminando a través de los Alpes y hacia la región italiana de los lagos. Su madre, desesperada,tuvo que rescatarla cuando se le agotó el dinero en Milán.
En un esfuerzo por apaciguar a su madre, David-Néel intentó trabajar como dependienta de una tienda de ropas pero no le fue bien. Entró al Conservatorio Real de Bruselas para estudiar piano y teoría musical, pero lo abandonó cuando recibió una invitación de Elizabeth Morgan para ir a Londres.
Habiendo completado sus estudios en Londres se mudó a la Sorbona, donde la rechazarían como estudiante a tiempo completo al ser mujer y pasaría su tiempo en el París de fin de siglo entre los filósofos y ocultistas parisinos quienes valoraban y fomentaban el empoderamiento femenino. Su padre había sido amigo del anarquista Élisée Reclus y del escritor Victor Hugo, quienes reconocieron la igualdad femenina, por lo que estaba atraída a la atmósfera en la que se había criado. Frecuentemente sufriría de depresión en este período (como lo haría por el resto de su vida) y lucharía con los pensamientos suicidas, aunque tomaba fuerzas de los pensamientos estoicos de Epicteto y las enseñanzas de Buda.
En 1891, Elizabeth Morgan murió y dejó a David-Néel una herencia significativa. Sus padres la presionaron para que invirtiera el dinero en una pequeña tienda, pero en su lugar viajó por un año por Ceylán (la Sri-Lanka moderna) e India. Solo volvió a Bruselas cuando se le agotó el dinero. De vuelta en casa, escribió su primer libro, un largo ensayo anarquista, publicado unos años después por Élisée Reclus.
Cada vez era más peligroso ser conocido por ideas de izquierda en Bruselas y, de esta manera, en 1895 aceptó una posición como cantante en la Casa de la Ópera de Hanoi en Indochina (Vietnam) de 1895 a 1897, donde participó como la cantante principal bajo el nombre de Alexandra Myrual. Continúo cantando ópera para la Opera-Comique en Atenas y, posteriormente en Túnez, cuando su voz comenzó a fallar, aceptó una posición como una cantante de salón en un casino europeo.
En 1900, conoció a Philip Néel, un ingeniero acaudalado del ferrocarril, y se convirtieron en pareja. David-Néel tomó la posición de directora artística, dirigiendo el casino en 1902 y, posteriormente, la pareja se casaría en 1904. Al igual que el matrimonio de sus padres,t Alexandra y Philip tenían poco en común más que la mutua necesidad: ella necesitaba dinero para viajar y él requería una esposa para su respetabilidad. El mismo año, su padre murió, y ella volvió a Bruselas. Al año siguiente, Élisée Reclus también moriría. David-Néel continuó viviendo una vida de respetabilidad con Philip, pero el esfuerzo de actuar como alguien que no era le estaba pasando factura. Ganó peso, y unas fotos de aproximadamente 1910 reflejan a una mujer extremadamente infeliz intentado actuar un papel jamás escrito para ella. Le pidió permiso a Philip para viajar sola y él acepto. No se verían de nuevo por los siguientes 14 años.
Partió hacia la India en 1911 y viajó a través del país quedándose en monasterios budistas. En 1912 conoció al Dalai Lama quien le sugirió que aprendiera tibetano; lo cual hizo. Continuó sus estudios y viajes cuando, en 1914, conoció a un chico joven llamado Aphur Yongden, de 15 años, en un monasterio de Sikkim. Ella sintió un fuerte vínculo espiritual con el niño y lo adoptó como su hijo. Sentía que había aprendido lo suficiente de las enseñanzas tradicionales por lo que escaló los Himalayas junto a Yongden.
Entre 1914 y 1917, los dos vivirían en una cueva a 4.000 m (13.123,36 pies) cuesta arriba de la frontera con el Tíbet. Ambos meditaban y encontraban cualquier comida que pudieran, y viajaron disfrazados dos veces hacia la ciudad prohibida de Lhasa («el lugar de los dioses»). En esta época era ilegal cruzar al Tíbet, y aún más visitar Lhasa por lo que cuando fueron descubiertos en su segunda visita fueron expulsados de Sikkim en 1917.
La Primera Guerra Mundial había comenzado en Europa por lo que, en lugar de regresar a casa, el par se fue al este hacia Japón y luego a Corea. Al dejar Corea, llegaron al monasterio Kumbum en China donde permanecieron dos años traduciendo libros sagrados tibetanos y viviendo la vida austera de los monjes. Aquí tuvo muchas experiencias místicas, incluida la creación de una tulpa, una figura fantasmagórica conjurada a través de la concentración psíquica intensa.
A pesar de los beneficios místicos del monasterio, David-Néel no podía quedarse en un lugar por mucho tiempo y se fue para intentar llegar a Lhasa otra vez. Ella y Yongden viajaron por el desierto de Gobi, luego a China y hacia el Tíbet. Caminaron por junglas inexploradas, cruzaron abismos profundos en puentes colgantes de cuerda de liana y caminos inundados; soportando el duro invierno chino y tibetano. Estuvieron en un riesgo constante de ataques de humanos, lobos y osos, pero finalmente llegaron a Lhasa en 1924. La ciudad seguía igual de hostil con los extranjeros como había sido en 1916 y el par decidió disfrazarse de peregrinos. Visitaron el palacio Potala e incluso consiguieron tomar algunas fotografías aunque al final los descubrieron por un hábito que David-Néel no podía romper: bañarse. A cualquier lado que fuera, llevaba una bañera portátil y requería un baño caliente diario.
El par abandonó Lhasa antes de que pudieran ser capturados y se dirigieron a Gyantse, Tíbet donde pidieron ayuda a David Macdonald, el agente comercial británico ahí estacionado. David-Néel y Yongden estaban sin dinero y en harapos. Se vieron forzados a hervir y comer el cuero de sus zapatos en su viaje buscando un lugar para quedarse y un préstamo para volver a casa. David-Néel ya era famosa como una exploradora francesa y a través de su trabajo como orientalista y por sus artículos publicados, pero las autoridades la conocían mejor como una posible espía del Gobierno francés. Macdonald seguramente pensó que la mejor forma de lidiar con esta situación era enviar a la mujer a casa, por lo que decidió complacerla.
En 1925 David-Néel y Yongden llegaron a Francia. Ella se separó de Philip quien claramente había continuado con su vida durante su travesía de 14 años, al igual que ella. Comenzó a trabajar en su primer gran libro, Mi viaje hacia Lhasa, que fue publicado en 1927. Compró una casa pequeña en Digne-les-Bains, Provence en 1928 a la que llamó Samten-Dzong («fortaleza de la meditación») donde escribiría varios de sus otros trabajos. En 1937, otra vez sintiéndose inquieta, se fue a China junto a Yongden y presenciaron de primera mano la guerra sino-japonesa. Viajaron a través de Japón, China y hacia la India. Philip Néel murió en 1941 y David-Néel tuvo que regresar a casa para resolver su herencia. Le tomó cinco años llegar a un lugar donde las autoridades coloniales y sus amigos le pudieran proporcionar su pase para finalmente marcharse del Oriente en 1946 y regresar a Francia.
Ahora era una famosa autora y viajera, «La Sabia de Digne», por la cual los viajeros jóvenes hacían una parada en su casa para conocerla. David-Néel era conocida por su mal temperamento y tenía poca paciencia para los impostores que pretendían conocer el Oriente por haberlo leído en los libros. No obstante, había mucha gente alrededor del mundo que estaba aprendiendo sobre el budismo, el Tíbet y todos los aspectos místicos y prácticos del Oriente de sus libros, y recibía a cualquiera que hiciera de su casa un lugar de peregrinación. David-Néel inspiró e influenció a viajeros, poetas y escritores alrededor del mundo, entre los cuale se encontraban los de la Generación Beat como Jack Kerouac, Allan Ginsberg, Ram Dass, y Alan Watts.
En 1955 Yongden murió de uremia. No pudo adaptarse al estilo de vida europeo por lo que desarrolló una costumbre de beber y tomar en exceso en los cafés. David-Néel se quedó devastada por la pérdida de su hijo adoptivo, lo que la llevó a volverse más reclusa. Tuvo varias sirvientas y asistentes en los años siguientes, todos los cuales la abandonaron por sus imposibles altos estándares y su mal temperamento. Entre estos estaba Jeanne Denys, quien, en 1972, publicaría un trabajo escandaloso sobre David-Néel en el que afirmaba que su vida y sus viajes habían sido una farsa porque ninguna mujer podría haber conseguido lo que David-Néel afirmaba haber hecho. En 1959, una mujer joven llamada Marie-Madeleine Peyronnet aceptó el trabajo y se convirtió en una especie de hija para la anciana viajera, y cuidó de ella hasta su muerte.
En 1968, a la edad de 100 años, David-Néel renovó su pasaporte con el plan viajar a Alemania, luego conducir a través de Rusia y desde ahí ir hacia Nueva York. Sin embargo, Marie-Madeleine se negó, porque afirmaba que no podría aguantar un viaje en auto tan largo. David-Néel abandonó sus planes y pareció contentarse con dar entrevistas y entretener a los varios visitantes que habían viajado para verla; sin embargo, estaba terriblemente sola y a menudo deprimida deseando volver a viajar por su cuenta. En 1969 fue elevada a la orden más alta de la Legión Extranjera Francesa y recibió felicitaciones de autores y líderes mundiales, incluido el Dalai Lama.
Fue entrevistada por escritores famosos como Lawrence Durrel, y el Gobierno francés acuñó una medalla en su honor como viajera intrépida. Fue tema de entrevistas de radio y televisión y Digne nombró una escuela en su honor. Todo esto significó poco para la mujer que había vivido viajando y que ahora se sentía atrapada. Estaba inquieta y sentía un fuerte deseo de volver a ver el Tíbet otra vez, caminar por las montañas con el viento azotándola, tener que buscar su comida sin saber que depararía el futuro.
Su salud comenzó a deteriorarse en su último año y murió el 8 de septiembre de 1969, poco antes de su 101º cumpleaños. Marie-Madeleine Peyronnet se convirtió en su albacea e hizo lo que pudo para seguir las instrucciones del testamento de mantener la colección de David-Néel de libros y artefactos juntos, ya fuera como donaciones a bibliotecas/museos o en la casa, pero muchos se perdieron por culpa de los ratones que David-Néel se rehusó a matar o atrapar en su hogar.
El legado de Alexandra David-Néel continúa a través de sus libros y aquellos que inspiró para que vivieran sus vidas plenamente y persiguieran sus sueños sin importar el coste. Su determinación de vivir su vida de acuerdo a su propia brújula continúa inspirando, y cerca de 50 años después de su muerte, instituciones, consulados y escuelas llevan su nombre como homenaje.