Hausalandia, a veces también conocida en conjunto como los reinos hausa, fue un conjunto de pequeñas ciudades-Estado independientes situadas en el norte de África central, entre el río Níger y el lago Chad, que prosperó entre los siglos XV y XVIII después de Cristo Se desconocen los orígenes de los hausa, pero una hipótesis sugiere que se trataba de un grupo de pueblos indígenas unidos por una lengua común, el hausa, mientras que otra teoría explica su presencia como consecuencia de una migración de pueblos procedentes del sur del desierto del Sáhara. Las ciudades prosperaron gracias al comercio local e interregional de productos como la sal, los metales preciosos, los artículos de cuero y los esclavos. Muchos de los gobernantes y la élite de las ciudades-Estado adoptaron el islam en los siglos XIV y XV, pero esta religión fue también una de las razones de su pérdida de independencia cuando el líder musulmán fulani Usman dan Fodio (que reinó en 1803-1815) desató una guerra santa y conquistó la región a principios del siglo XIX.

El nombre «Hausalandia» deriva del término hausa «Kasar hausa», que significa «país de la lengua hausa», aunque la zona también incluía a otros pueblos, como los tuareg, los fulbe y los zabarma. El término «hausa» no se empezó a utilizar hasta el siglo XVI, ya que el pueblo se autodenominaba según la ciudad-Estado o el reino específico al que pertenecía.

Hausalandia estaba situada en la región del Sahel, entre el río Níger y el lago Chad, en el centro-norte de África, en lo que hoy es el norte de Nigeria. El Sahel es la franja de tierra semiárida que atraviesa África entre el desierto del Sáhara, al norte, y la sabana, al sur. Hausalandia, concretamente, se extendía desde las montañas de Air (al norte) hasta la meseta de Jos (al sur) y desde Borno (al este) hasta el valle del Níger (al oeste). Los pueblos de habla hausa construyeron sus ciudades en esta región entre los años 1000 y 1300.

Se desconocen los orígenes exactos de las ciudades hausa, pero entre las teorías se baraja una migración de pueblos procedentes del sur del Sáhara que, al abandonar sus propias tierras tras la creciente aridización de esa zona, establecieron nuevos asentamientos en lo que más tarde se conocería como Hausalandia. Una teoría alternativa sugiere que, en un principio, el pueblo hausa vivía en la orilla occidental del lago Chad y que, cuando el lago se redujo (como consecuencia de los mismos cambios climáticos que afectaron al Sáhara), se trasladó a esta nueva tierra fértil para después ir extendiéndose hacia el norte y el oeste. Por desgracia, hasta la fecha no hay pruebas arqueológicas que respalden ninguna de estas dos teorías. En consecuencia, existe una tercera hipótesis que sostiene que los hausa no emigraron de ningún otro lugar, sino que eran autóctonos de la región; esta teoría se sustenta en el hecho de que no existe tradición de migración alguna en la historia oral hausa.

No obstante, sí que existe una leyenda fundacional conocida como la leyenda de Bayajida o de Daura, aunque probablemente data del siglo XVI y refleja la creciente influencia del islam en la región en aquella época. Según esta tradición, Bayajida, un príncipe de Bagdad, llegó a la corte del gobernante del reino de Kanem (o del Imperio Bornu, como se denominaba en el siglo XVI). Al recibir una acogida desfavorable, Bayajida se dirigió hacia el este hasta llegar a la ciudad de Daura. Allí, la reina y su reino estaban aterrorizados por una gran serpiente. Bayajida intervino, mató a la molesta serpiente y se casó inmediatamente con la reina. Juntos tuvieron un hijo llamado Bawogari, quien a su vez tuvo seis hijos, cada uno de los cuales se convirtió en rey de una ciudad-Estado hausa. Mientras tanto, Bayajida tuvo otro hijo, esta vez con una de sus concubinas. Este hijo ilegítimo, llamado Karbogari, tuvo siete hijos, y estos llegaron a gobernar otras siete ciudades hausas. Esta historia explica cómo se fundaron las distintas ciudades, pero no aclara de dónde procedían exactamente Daura y su reina.

Fueran cual fueran sus orígenes, para principios del siglo XV muchos pequeños cacicazgos hausa se habían unido para crear varias ciudades amuralladas que controlaban sus respectivos territorios rurales. Tradicionalmente, había siete ciudades-Estado (las «hausa bakwai»), pero en realidad eran muchas más. Las más importantes eran (las siete tradicionales están marcadas con un asterisco):

Cada ciudad tenía su propio rey o gobernante, el sarkin kasa, que contaba con el asesoramiento de un consejero principal o visir, el galadima, y de un pequeño consejo de ancianos, que por lo general estaba compuesto por nueve miembros, que también determinaban quién sería el próximo gobernante en la línea de sucesión. El rey nombraba a diversos funcionarios para encargarse de algunas tareas, como por ejemplo recaudar impuestos y derechos de aduana, dirigir las unidades de caballería o infantería de la ciudad, mantener la seguridad en los caminos y velar por determinados cultivos. La ciudad gobernaba sobre varias jefaturas o aldeas más pequeñas situadas en sus inmediaciones, cada una de ellas gobernada por un jefe o sarkin gari. El tercer nivel de esta pirámide política lo constituía el clan familiar o gida, muchos de los cuales formaban una aldea individual.

Las poblaciones rurales hausa estaban compuestas de agricultores que trabajaban la tierra que pertenecía a la comunidad en su conjunto. Con el tiempo, a medida que las ciudades-Estado se fueron centralizando, este sistema se vio corrompido por los reyes, que concedían parcelas de tierra como recompensa a determinados individuos. La agricultura hausa también pasó a depender en gran medida de los esclavos. Por su parte, la sociedad dentro de la ciudad principal de cada reino era cosmopolita, aunque estaba dominada por los hausa. Había esclavos, artesanos, comerciantes, funcionarios religiosos, eruditos, eunucos y aristócratas (masu sarauta) emparentados con el rey o que gozaban de su favor.

Los Estados hausa comerciaban con oro, marfil, sal, hierro, estaño, armas, caballos, telas de algodón teñidas, nueces de cola, artículos de cristal, objetos de metal, plumas de avestruz y pieles. Existía comercio con la región costera de África Occidental, con Oyo en la Bahía de Benín y con el Imperio Songhai (en torno a 1460-1591) al este. Los esclavos constituían una importante fuente de ingresos para todas las ciudades, aunque Zaria en particular se especializó en la adquisición de esclavos mediante incursiones hacia el sur.

Las ciudades se especializaban en la fabricación o el comercio de determinados productos. Por ejemplo, Katsina y Daura estaban especializadas en los tintes, sobre todo el índigo o añil, mientras que Kebbi y Zamfara se especializaban en la joyería de plata. Hausalandia se hizo famosa (y sigue siéndolo hoy en día) por sus artículos de cuero finamente trabajados, como odres, sillas de montar, arneses y sacos para transportar mercancías destinadas a las caravanas comerciales de la región. Los diversos oficios y artesanías se organizaban en gremios que garantizaban el mantenimiento de los estándares y la equidad de los precios. La agricultura hausa, impulsada por técnicas como la rotación de cultivos y el uso de fertilizantes, producía cultivos como mijo, sorgo, arroz, maíz, cacahuetes o maníes, alubias o frijoles, henna, tabaco y cebollas. Además, se practicaban la pesca y la caza, se criaban cabras (importantes para los sacrificios rituales) y se criaban burros (el principal medio de transporte). Cada ciudad contaba con sus propios mercados, donde tanto hombres como mujeres vendían sus productos, y muchas ciudades también disponían de mercados de comercio internacional donde los comerciantes vendían al por mayor. Los bienes se intercambiaban en especie, aunque la sal, los tejidos y los esclavos se utilizaban a menudo como forma estandarizada de moneda.

Las casas tradicionales hausa están construidas con ladrillos de barro seco con forma de pera, que se colocan en hileras con mortero, con el extremo puntiagudo hacia arriba. A continuación, las paredes se revisten con yeso y se decoran con motivos pintados o grabados. Las casas se decoraban además con elementos esculpidos, también de barro, creando diseños geométricos tridimensionales, como motivos entrelazados y espirales. Para conseguir un tejado seguro, se construye una bóveda de barro reforzada con un armazón de palmas partidas y hojas de palmera, un rasgo arquitectónico propio de Hausalandia. Cada casa está rodeada por su propio muro alto, en el que pueden integrarse edificios adicionales. Las principales ciudades estaban protegidas por enormes murallas de fortificación, lo que da una idea de las frecuentes guerras de asedio que tuvieron lugar en el territorio hausa a lo largo de su historia.

A diferencia de gran parte del África subsahariana, la zona ocupada por Hausaland permaneció prácticamente ajena al islam hasta el siglo XIV. No obstante, tras el contacto con comerciantes, misioneros y eruditos musulmanes procedentes del este, de la zona del recodo del río Níger, acabaron adoptando y adaptando una forma de islam. Esta religión se mezcló, como era habitual, con los rituales animistas tradicionales, por lo que adquirió un carácter propio y distintivo en la región. Al carecer de incentivos comerciales para ganarse el favor de los comerciantes extranjeros, a diferencia de los gobernantes y la élite hausa, las poblaciones rurales resultaron tan reacias como en otras partes de África a convertirse plenamente a la nueva religión, a pesar de métodos a veces brutales, o quizás debido a ellos, como la destrucción de santuarios y la quema de antiguos bosques sagrados. A pesar de esta resistencia por parte de algunos jefes y de gran parte de la población rural, el islam acabó afianzándose en la región. Se construyeron mezquitas en las ciudades y uno de los vestigios más antiguos que se conservan de estas primeras estructuras es el minarete de Gobarau, de barro seco, de la mezquita de Katsina, que data de principios del siglo XV.

Las relaciones con el vecino Imperio Songhai no siempre fueron pacíficas, como cuando, al menos según el historiador León el Africano (en torno a 1494 - alrededor de 1554), el rey songhai Askia Muhammad (que reinó en 1494-1528) logró someter las ciudades de Katsina, Kano y Gobir, convirtiéndolas, aunque fuera brevemente, en estados tributarios. Es posible que esta invasión fuera llevada a cabo por otros Estados vecinos más pequeños, ya que los registros songhai y los de Tombuctú de ese periodo guardan un notable silencio al respecto. Mientras tanto, los estados hausa realizaban frecuentes incursiones hacia el sur, en el valle del Benue, contra diversos pueblos, entre ellos los bauchi, los gongola, los jukun y los yawuri.

Los fulani, pastores nómadas de Senegal que emigraron a través de África hasta el lago Chad a mediados del siglo XVI, se establecieron en Hausalandia y trajeron consigo un nuevo auge del interés por la religión y el saber islámicos. En el último cuarto del siglo XVIII, los fulani abandonaron su evangelización pacífica y desencadenaron una guerra religiosa en la región. En esta guerra religiosa se vieron favorecidos por las rivalidades, en ocasiones ancestrales, entre las ciudades hausa, las disputas internas entre las élites de varias ciudades-Estado y una población en general descontenta que se había empobrecido cada vez más, mientras que la aristocracia mercantil hausa se había enriquecido. Así, a partir de 1804, el líder fulani Usman dan Fodio conquistó todas las ciudades-Estado hausa y las convirtió al islam. Usman dan Fodio, que era originario de la ciudad-Estado hausa de Gobir, continuó expandiendo su imperio y estableció su capital en Sokoto en 1817, que le daría su nombre al nuevo Estado.