El castillo de Chillón (en francés: Château de Chillon) es una fortaleza medieval aclamada por su belleza, considerado uno de los castillos medievales mejor conservados en Europa. Ubicado en el cantón de Vaud, Suiza, y solo a 3 km (2 millas) de la moderna ciudad de Montreux, el castillo de Chillón se encuentra sobre una roca a orillas del lago de Ginebra. Entre los siglos XII y XVI después de Cristo, el castillo de Chillón perteneció a los poderosos condes de Saboya, quienes se enriquecieron gracias a los impuestos que imponían a los comerciantes que transitaban por el paso del Gran San Bernardo o a los barcos que navegaban por el lago de Ginebra. Las fuerzas suizas del cantón de Berna arrebataron el castillo de Chillón a los condes de Saboya en 1536, y desde entonces permanece en manos suizas. El castillo de Chillón es hoy en día el monumento histórico más visitado de Suiza, con más de 400.000 visitantes al año.
El castillo de Chillón se encuentra en un islote rocoso en el extremo oriental del lago de Ginebra, a unos 40 km (20 millas) al este de Lausana. Está ubicado a 3 km (2 millas) al este de Montreux, en lo que hoy es el cantón de Vaud, Suiza. El castillo ofrece magníficas vistas de Montreux y de los Alpes. Las montañas Dents du Midi, pertenecientes a los Alpes de Chablais en el vecino cantón suizo de Valais, ofrecen un espectacular telón de fondo para el castillo de Chillón, mientras que las aguas del lago de Ginebra reflejan las murallas, las ventanas y las torres del castillo.
Quizás los romanos fueron los primeros en darse cuenta de la privilegiada ubicación geográfica de Chillón, situada cerca de importantes pasos alpinos. Los romanos establecieron un pequeño asentamiento en la zona, pero la evidencia arqueológica sugiere que la presencia humana a lo largo de la orilla del lago, cerca de Chillón, se remonta a la Edad del Bronce. Los obispos de Sion controlaron el lugar antes que los condes de Saboya. A principios de la Edad Media, los ambiciosos condes de Saboya reconocieron la importancia estratégica del lugar debido a su acceso al valle alpino del río Ródano, así como al puerto del Simplón, al paso del Mont Cenis y al paso del Gran San Bernardo. La soberanía sobre la región les otorgó a los condes de Saboya el control sobre el flujo comercial entre lo que hoy son Francia y Alemania hacia Italia durante 400 años. Aunque la primera mención del castillo de Chillón data del año 1150, es probable que el castillo se haya construido varias décadas antes, en el siglo XI. La torre del homenaje, o torreón, y la capilla son probablemente las partes más antiguas del castillo y datan de finales del siglo XI.
Los condes de Saboya consolidaron su poder sobre la zona del lago de Ginebra y sus alrededores durante los siglos XII y XIII, y su dominio se extendió a aproximadamente dos tercios de lo que hoy es la Suiza francesa. En 1214, el conde Tomás I fundó Villeneuve, ubicada justo al sur del castillo de Chillón, que se convirtió en una ciudad portuaria dedicada al comercio a lo largo del lago de Ginebra. De este modo, el castillo se convirtió en un centro administrativo y financiero muy importante en los territorios del norte de Saboya. Gracias a las ganancias obtenidas mediante los impuestos y las conquistas, los miembros de la casa de Saboya (1003-1946) continuaron ampliando el castillo, y los condes sucesivos reforzaron sus murallas defensivas. Los condes Tomás I (que reinó en 1189-1233) y Pedro II (que reinó en 1263-1268) mostraron un interés especial en fortalecer diversas estructuras dentro del castillo con la ayuda del arquitecto Pierre Mainier. Pedro II supervisó un importante período de renovación y expansión durante la década de 1240.
Si bien el castillo de Chillón conservó sus sólidas estructuras defensivas durante el siglo XIII, el conde Pedro II también lo transformó en una residencia principesca, invitando a miembros de la nobleza local a servir en su corte y a organizar eventos de pompa. Las siniestras mazmorras que más tarde fascinarían a los escritores de la época romántica datan de la época del reinado del conde Pedro, pero también lo hacen las elegantes habitaciones con excelentes vistas al lago de Ginebra y los patios adoquinados asimétricos. Los visitantes del castillo de Chillón aún pueden ver pinturas en las paredes interiores que datan de los siglos XIII y XIV. Aunque los condes de Saboya nunca se quedaban en el castillo de Chillón todo el año, ya que lo usaban mayormente como residencia de verano, un alguacil designado permanecía en el castillo durante todo el año para ocuparse de los asuntos del condado en nombre del conde.
En los siglos XIV y XV, los condes de Saboya construyeron otras residencias y el castillo de Chillón entró de a poco en decadencia. Los condes posteriores trasladaron las operaciones administrativas y financieras de Saboya a Chambéry, y la corte real se movió entre Ripaille, Thonon y Le Bourget. Amadeo VIII (que reinó en 1391 a 1440), quien reinó como «duque de Saboya» a partir de 1416, intentó devolverle al castillo su época dorada del siglo XIII enviando a su carpintero jefe, Aymonet Corniaux (en torno a 1402-1453), a modificar las defensas de las torres y murallas. Sin embargo, su elección como el papa Félix V (pontífice en 1439-1449) —Amadeo VIII sería el último antipapa— le impidió seguir adelante con la restauración del castillo de Chillón.
Cabe destacar que el famoso historiador protestante ginebrino, libertino y antiguo monje católico François Bonivard (1493-1570) estuvo encarcelado en el castillo de Chillón por el duque Carlos III (que reinó en 1504-1553) entre 1530 y 1536 Bonivard había sido prior católico de San Víctor en Ginebra, pero su fervor protestante y su comportamiento personal descontrolado ofendieron profundamente la firme sensibilidad católica de Carlos III. Se dice que Carlos III ordenó que encadenaran a Bonivard a uno de los pilares de las mazmorras del castillo de Chillón. Los berneses lo liberaron de las mazmorras cuando tomaron el castillo en 1536. La tempestuosa historia de vida de Bonivard sirvió posteriormente como principal Fuente de inspiración para el poema de lord Byron «El prisionero de Chillón», escrito en 1816.
La casa de Saboya se vio debilitada por la presión ejercida por la dinastía rival de los Habsburgo (1273-1918), que alcanzó su punto álgido durante las guerras italianas (1494-1559). Ejércitos del cantón protestante de Berna integrantes de la Confederación Suiza —antecesora histórica de la actual Suiza—, conquistaron Vaud, hasta entonces bajo dominio de la Saboya católica y tomaron posesión del castillo de Chillón el 29 de marzo de 1536, tras un breve asedio de tres días. Bajo el dominio suizo bernés, el castillo de Chillón continuó utilizándose como fortaleza, depósito y prisión durante los siguientes 260 años. También funcionó como hospital y los berneses también permitieron que el castillo se convirtiera en la residencia del alguacil de Vevey.
Aunque el castillo estaba en ruinas y necesitaba una remodelación, los berneses lo consideraban útil y práctico. Se reorganizó el espacio interior del castillo para adaptarlo a las necesidades de los soldados y funcionarios berneses, y se modernizaron las fortificaciones del castillo para permitir el uso de armas de fuego. Los berneses utilizaron las cárceles como depósitos para los barcos suizos y, además, a principios del siglo XVIII, sustituyeron el antiguo puente levadizo medieval por uno nuevo. A pesar de todo esto, los berneses abandonaron el castillo de Chillón en 1733 y se trasladaron a alojamientos más cómodos en Vevey. El mantenimiento del castillo de Chillón ya no se consideraba una necesidad militar para el ejército bernés, por lo que el castillo se convirtió en un depósito para mercancías transportadas y otros materiales. En 1785 se sugirió convertir el castillo en un gran granero de trigo, pero este plan nunca se llevó a cabo, probablemente debido al alto nivel de humedad dentro y alrededor del castillo, causado por la proximidad del lago Ginebra.
En 1798, ciudadanos francófonos de Montreux y Vevey asaltaron el castillo con la ayuda de tropas de la Francia revolucionaria, tomándolo sin encontrar resistencia alguna por parte de los berneses. La propiedad del castillo ha pertenecido al cantón de Vaud desde 1803. A partir de entonces, el castillo de Chillón se utilizó para almacenar municiones, incluida la pólvora, y como prisión. Curiosamente, a lo largo del siglo XIX siguió albergando prisioneros, con quienes podían interactuar los turistas. A finales del siglo XIX, el arqueólogo suizo Albert Naef (1862-1936) inició la primera de una serie de restauraciones para devolverle al castillo su antiguo esplendor. Estos trabajos de restauración continúan en la actualidad.
El tamaño y la forma del castillo de Chillón recuerdan a un barco: mide 110 m (361 pies) de largo y 45 m (148 pies) en su punto más ancho. La forma general y el contorno del castillo se han mantenido constantes durante casi 800 años, y el castillo de Chillón nunca ha sido destruido. En otro tiempo, sus fachadas encaladas deslumbraban a los visitantes, aunque desde entonces no lo han vuelto a pintar. El torreón del castillo es alto y ofrece amplias vistas del lago de Ginebra y de todo el castillo. Lo rodean varios edificios y dos circuitos de murallas. Por dentro cuenta con cuatro salones principales impresionantes con ventanas enormes que dan al lago. Los historiadores especializados en la Edad Media han señalado el parecido entre el castillo de Chillón y el castillo de Harlech, en Gales, particularmente por la ubicación de los ventanales. Esta conexión tiene sentido, ya que el conde Pedro II era tío de la reina Leonor de Provenza (1223-1291), quien a su vez era la esposa de Enrique III de Inglaterra (que reinó en 1207-1272). El arquitecto saboyano Jacobo de Saint-Georges d’Espéranche (en torno a 1230-1309) trabajó en el castillo de Chillón antes de entrar al servicio de Eduardo I de Inglaterra (que reinó en 1272-1307) a finales del siglo XIII.
Las mazmorras del castillo de Chillón están excavadas directamente en la roca sobre la que se asienta el castillo. (Los visitantes aún pueden ver el lugar donde lord Byron grabó su nombre en uno de los pilares de la antigua celda de Bonivard). También hay una serie de bodegas abovedadas enormes, que fueron cuidadosamente excavadas en la roca madre y se utilizaban para almacenar las armas y el armamento de la casa de Saboya antes de que las convirtieran en prisiones a finales de la Edad Media. El castillo cuenta con una capilla pequeña, la capilla de San Jorge, decorada con frescos medievales que representan a profetas del Antiguo Testamento y a apóstoles del Nuevo Testamento. Los visitantes del castillo aún pueden ver el antiguo escudo de armas de la casa de Saboya en el Gran salón de los alguaciles que data de la década de 1340.
El castillo de Chillón ha inspirado a diversos escritores a lo largo de los últimos tres siglos, entre ellos Jean-Jacques Rousseau, Johann Wolfgang von Goethe, lord Byron, Percy Bysshe Shelley, William Wordsworth, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Charles Dickens, Mark Twain, Henry James y Ernest Hemingway, gracias a su esplendor, su historia inusual y sus impresionantes vistas de los Alpes. Rousseau fue el primero de estos escritores en mencionar al castillo en su famosa y popular novela Julia, o la nueva Eloísa, publicada en 1762. Sin embargo, fue el poema de lord Byron «El prisionero de Chillón» el que atrajo por primera vez multitudes de turistas. Mark Twain lo visitó en 1880 y lo admiró a pesar de la gran cantidad de turistas.