Miguel III, también llamado «Miguel el Borracho» por sus opositores, gobernó el Imperio bizantino de 842 a 867. A pesar de que nunca logró salir totalmente de la sombra de su madre Teodora, que gobernó como regente en su nombre hasta hacia 855, o de su tío Bardas, el talentoso principal ministro, durante su reinado se produjeron cambios políticos y religiosos importantes y se reforzó el imperio, sobre todo en el este. Miguel fue asesinado y sucedido por el mismo hombre que había promovido en la corte y con el tiempo nombrado coemperador, Basilio I.
Miguel nació en 839 y era hijo del emperador Teófilo (que reinó de 829 a 842). Cuando el viejo y popular soberano murió en 842, el poderoso eunuco de la corte y principal ministro Teoctisto y la madre de Miguel, Teodora, gobernaron ambos como regentes del nuevo emperador. Miguel tenía una hermana mayor, Tecla, y ambos aparecen en el reverso de las monedas de oro acuñadas por su madre.
Teodora, durante mucho tiempo una iconófila en secreto a pesar de la política opuesta de su difunto esposo, se encargó de restaurar la veneración de los íconos como ortodoxia cristiana en marzo de 843. Este acto, por el cual más tarde la nombraron santa, pasó a ser conocido como el «Triunfo de la Ortodoxia». Para mayor seguridad y para garantizar que su hijo no sufriera ninguna consecuencia negativa, Teodora se aseguró de que Teófilo no fuera condenado por la Iglesia como hereje por su política de destrucción de íconos. Incluso propagó el rumor de que se había arrepentido de sus pecados en su lecho de muerte. Como esperaba, el difunto emperador recibió un indulto y así evitó que lo mencionaran para siempre junto a los herejes infames en los servicios religiosos desde entonces. El gran momento de Teodora con la Iglesia está conmemorado en un famoso ícono de Constantinopla que data de principios del siglo XV, pero es, en sí mismo, una copia de uno más antiguo. En él, la regente sostiene a Miguel en sus brazos, rodeada adoradoramente por sacerdotes y mártires.
Entre 855 y 856, Miguel derrocó a sus regentes tras eliminar a Teoctisto y desterrar a su madre a un monasterio, y finalmente reclamó el trono por derecho propio. Un área de discordia entre Miguel y su madre había sido su insistencia de que tomara a Eudoxia Decapolitisa como esposa cuando ya tenía una amante, una tal Eudoxia Ingerina. Sin embargo, todavía había un miembro familiar que movía los hilos políticos en la corte, esta vez su tío, César Bardas, el hermano de Teodora. Bardas no dudó en asesinar a su cuñado Teoctisto para poder manipular más fácilmente a su sobrino, aún un adolescente. Con el tiempo, en 865, Miguel también se deshizo de Bardas, pero, en cualquier caso, disfrutaría del trono durante menos de dos años más.
Muchos de los sucesos importantes del reinado de Miguel se atribuyen a aquellos familiares que gobernaron en su nombre. Como ya hemos visto, Teoctisto y Teodora reinstauraron la veneración de los íconos en la Iglesia cristiana. Bardas fue responsable de establecer la famosa universidad de Magnaura en el palacio real de Constantinopla, donde León el Matemático (además de filósofo e inventor) fue director de una de las facultades. El principal ministro también organizó la misión de san Cirilo y su hermano Metodio a Moravia en 863, y el bautismo del kan búlgaro Boris I (que reinó de 852 a 889) en 864. Según los registros oficiales, este último suceso se llevó a cabo mayormente bajo coacción, ya que amenazaron a Boris con invadir su reino si no cedía ante la supremacía cristiana bizantina y renunciaba al paganismo. Los bizantinos estaban ciertamente preocupados de que los búlgaros pudieran crear una alianza poderosa con los francos, pero es posible que Boris también deseara contar con Constantinopla como aliada. Para agregarle cordialidad al acuerdo, Miguel III se convirtió en el padrino de Boris.
Si se cree en los registros oficiales, las victorias militares y el refuerzo de las fronteras orientales del imperio, en particular, también fueron gracias a los generales experimentados y no a Miguel. Los hombres como Petronas, el strategos o gobernador militar del tema (región) tracesiano del imperio, fueron el verdadero motivo del éxito. Petronas había servido bajo el padre de Miguel, Teófilo, era el hermano de Teodora y es cierto que hizo mucho para asegurar el triunfo del ejército bizantino en el extranjero. En 856, Petronas dirigió campañas espectaculares en Mesopotamia y Capadocia, pero en los registros figura que Miguel también participó de las campañas en persona. Luego, en 863, los bizantinos destruyeron el ejército de Omar, emir de Melitene, en la frontera septentrional de Mesopotamia. Como resultado de estas nuevas adiciones, se reconstruyeron las ciudades de Ancira y Nicea en Asia Menor. Quienquiera haya sido el responsable, el Imperio bizantino estaba en alza de nuevo.
El joven emperador parecía contento con beber vino, celebrar fiestas y pasar el tiempo con buena compañía en lugar de gobernar, al punto de que, en 858, Ignacio, el obispo de Constantinopla, reprendió a la corte en público por su inmoralidad, pero terminó siendo destituido. La decisión de Miguel de dejarle la mayoría de los asuntos al tío Bardas probablemente haya sido la mejor de su reinado. Sin embargo, de lejos la peor decisión fue su error de cálculo monumental de promocionar a cierto armenio tosco en la corte y luego ordenarle que asesinara a Bardas. Esta figura sombría, conocida como Basilio el Macedonio porque una vez había pasado tiempo con un grupo de prisioneros de esa región, era un luchador y jinete talentoso de baja cuna. La vida de Basilio fue la clásica historia del salto de pobre a rico. Tras abandonar a su familia campesina, buscó fortuna en la metrópolis de Constantinopla y ciertamente la encontró.
La habilidad de Basilio con los caballos lo llevó a hacerse cargo de los establos imperiales (Miguel era aficionado a los carros); más adelante, llamó la atención del emperador, quien lo nombró Guardia del dormitorio del emperador (parakoimomenos). En su nuevo cargo, Basilio eliminó a los enemigos del emperador por todos los medios que consideró adecuados. El par también tuvo una relación compleja, imprecisa y muy debatida con Eudoxia Ingerina; en verdad, Basilio se casó con ella, pero esto puede haber sido un engaño ideado por Miguel para tener a su amante cerca en el palacio. Un hecho aún más extraordinario es que, en 866, Miguel nombró a Basilio coemperador en una fastuosa ceremonia en Santa Sofía. Sin embargo, el asesino armenio resultaría ser tan traicionero como su patrocinador y asesinó a Miguel en su alcoba en 867, tras lo cual reclamó el trono para sí bajo el título de Basilio I.
Miguel había recibido el adjetivo de borracho de cronistas críticos de la corte, ansiosos por complacer a su asesino y sucesor Basilio I (que reinó de 867 a 886), fundador de la dinastía macedonia, que reinaría durante 200 años. Las historias tal vez se hayan exagerado, pero contenían algo de verdad, sobre todo con respecto a los últimos cinco años del reinado de Miguel. Su caso no fue de ninguna manera único en la historia bizantina, y el asesinato de una persona tan depravada y divertida como Miguel, al menos según los registros oficiales, se volvió no solo totalmente justificable, sino absolutamente necesario para la estabilidad y santidad de la institución de emperador. En una última ironía y tal vez una dulce venganza desde el más allá, el sucesor de Basilio, y quizás incluso su asesino, sería León VI (que reinó de 886 a 912), sobre el cual había muchos rumores de que en realidad era el hijo de Miguel III. Es tal vez importante que uno de los primeros actos del nuevo emperador fuera exhumar el cuerpo de Miguel III de su tumba ordinaria y enterrarlo en un fino sarcófago de mármol en la Iglesia de los Santos Apóstoles.