Namazu (también conocido como Onamazu) es el siluro gigante de la mitología japonesa que causaba los terremotos. Creían que esta criatura vivía bajo la tierra y que, cuando nadaba por los mares y los ríos submarinos, provocaba terremotos. Aunque el dios del trueno Takemikazuchi-no-mikoto logró someterlo, Namazu sigue siendo una fuerza importante, aunque en ocasiones puede traer buena suerte y una redistribución de la riqueza, además de devastación.

El archipiélago japonés ha sufrido terremotos periódicos y devastadores a lo largo de su historia (el 10 % de la actividad sísmica mundial tiene lugar en Japón), así que la creación de un monstruo que personificara estos terribles acontecimientos fue un mecanismo para que la gente pudiera explicar y justificar su aparición aparentemente aleatoria. Por lo tanto, el siluro Namazu, que nada en las aguas profundas bajo la tierra, es una respuesta a la causa del movimiento de la tierra. Está estrechamente relacionado con los dioses del trueno y se considera su contraparte bajo la tierra. También existía otro dios de los terremotos, Nai-no-kami, que aparece hacia el siglo VII después de Cristo y que más tarde se identificaría con Namazu. En el periodo Meiji (1868-1912), Nai-no-kami volvió a separarse y recibió su propia personificación.

Aunque Namazu era capaz de causar una gran destrucción, la ayuda llegaba de la mano del heroico dios del trueno y guerrero Takemikazuchi-no-mikoto (también conocido como Kashima Daimyojin), porque poseía una piedra especial, la kaname-ishi («roca de sujeción»), y, al excavar en la tierra, la utilizó para lastrar la cabeza de Namazu, restringiendo sus movimientos y limitando así la frecuencia de los terremotos, o como mínimo su intensidad. La punta de 15 cm de esta enorme piedra, que aún sobresale de la superficie terrestre, se puede ver en el santuario de Kashima, en Hitachi, al noreste de Tokio. De ahí que exista un dicho popular: «Aunque la tierra se mueva, no temas, pues el kami (espíritu) de Kashima mantiene la kaname-ishi en su sitio» (Ashkenazi, 220).

Una leyenda cuenta que Tokugawa Mitsukuni (1628-1700), tal vez en un arrebato de escepticismo, intentó excavar en torno a la kaname-ishi para ver hasta qué profundidad llegaba, pero desistió tras siete días de excavación al no haber encontrado aún el final de la piedra. Por desgracia, Namazu no siempre está inmovilizado, ya que cuando Takemikazuchi-no-mikoto tiene que asistir a la conferencia anual de los dioses en Izumo, el siluro se puede retorcer un poco más de lo habitual y provocar uno o dos terremotos al agitar la cola. Aun así, se extendió la idea de colocar piedras similares a la kaname-ishi en los santuarios para intentar prevenir o minimizar los terremotos.

Aunque los esfuerzos de Namazu pueden traer destrucción y desesperación, también tiene un lado positivo. El siluro representaba la renovación periódica del mundo, conocida como yo-naoshi, que era bien recibida por los pobres como una oportunidad para sacudir a las clases ricas, redistribuir sus riquezas acumuladas y empezar de nuevo. Esta idea se hizo especialmente popular tras una serie de terremotos en el periodo Edo (1600-1868), que en varias ocasiones redujeron a los ricos al nivel de los pobres y les brindaron a estos últimos una oportunidad momentánea de mejorar su situación en el caos inmediato a tales desastres. La idea del yo-naoshi incluye la esperanza de que los pobres hereden la riqueza de los ricos, y este intercambio de roles ha hecho que a veces se asocie a Namazu con la buena suerte, o más concretamente con una fortuna temporal. Esto se manifiesta en santuarios o depósitos consagrados a una deidad local con aspecto de Namazu. En estos sitios conocidos como kuramaya la gente puede tomar prestados cuencos y utensilios, pero Namazu traerá mala suerte personal si no se cuidan y se devuelven después de su uso.

Takemikazuchi y Namazu eran temas populares en la pintura japonesa, especialmente en los grabados ukiyo-e, ya que durante el periodo Edo se utilizaban como talismanes en los hogares para evitar que se produjeran terremotos graves e invocar la ayuda de Takemikazuchi en caso de que ocurrieran. Las imágenes de Namazu siguen presentes hoy en día y se pueden ver, por ejemplo, en los dispositivos de alerta digitales de la Agencia Meteorológica de Japón.