Suria (también conocido como Aditya) es el dios hindú del Sol. Se considera el creador del universo y la fuente de toda la vida. Es el alma suprema que aporta luz y calor al mundo. Recorre el cielo cada día en su carro dorado, tirado por siete caballos y conducido por Aruna, la personificación del amanecer. El templo más famoso dedicado a este dios se encuentra en Konarak, en Orissa, al noreste de la India, aunque se veneraba en todo el subcontinente indio. Sigue siendo una figura importante en el hinduismo actual y también es una deidad menor en el budismo.
Suria tiene muchos nombres y epítetos alternativos, incluidos Vivasvat (Brillante), Savitr (el que nutre), Bhaskara (creador de la luz), Dinakara (creador del día), Lokacaksuh (Ojo del Mundo), Graharaja (Rey de las constelaciones) y Sahasra-kirana (de los mil rayos). A Visnú, que más tarde sustituiría en gran medida la función de Suria en el panteón hindú, se le conoce como Suria-Narayana en su encarnación como el sol.
Suria aparece por primera vez en la literatura en el Rigveda, el más antiguo de los textos sagrados de los Vedas, compuesto entre el 1500 y el 1000 antes de Cristo Se creía que Suria, el portador del Sol, recorría el cielo en su carro y derrotaba a los demonios de la oscuridad. Así se le representa en un relieve de la entrada de los templos budistas rupestres y las celdas de monjes de Bhaja, Shunga, en el oeste de la India, que datan del siglo II antes de Cristo
Según algunos mitos, Suria es hijo de Kasyapa (un sabio védico) y de Aditi (los cielos infinitos); en otros, es descendiente de Dyaus (el cielo); y en otros, su padre es Brahma. Suria tuvo tres hijos con Samjna (la conciencia), la hija de Visvakarma: Vaivasvata (uno de los catorce hombres originales o Manu), Yama (dios de los muertos) y Yami (diosa del río Yamuna). Por desgracia, Samjna se cansó tanto de la brillante luz de Suria que un día le entregó una sirvienta, Chaya (Sombra), y lo abandonó para llevar una vida de reflexión en los bosques, transformada en yegua. Sin embargo, a Suria no se le podía privar tan fácilmente de ella, así que, disfrazado de semental, se apareó con Samjna. De esa unión nacieron Revanta (jefe de los Guhyakas) y dos hijos gemelos, los jóvenes Ashuin, que viajan delante de su carro en su propia versión dorada o a lomos de un caballo.
Mientras tanto, Visvakarma le quitó parte del resplandor a Suria, tal vez para intentar atenuar al dios y hacer que a su hija le resultara un poco más fácil convivir con él. De esos fragmentos resplandecientes se forjaron varias de las armas de los dioses, entre ellas el disco de Visnú, el tridente de Shiva, la maza de Kubera y la lanza de Karttikeya.
Entre otros descendientes que a veces se atribuyen a Suria se encuentran el jefe de los monos Sugriva, Ushas, la personificación del amanecer en los textos antiguos, y Sani, la personificación del planeta Saturno. Suria está considerado el jefe de los nueve planetas de la antigüedad védica. Estos son el Sol, la Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter y Saturno, además de las sombras solares y lunares (nodos ascendente y descendente) de Rahu y Ketu, todos ellos visibles a simple vista. En conjunto se conocen como Navagraha.
En otras historias en las que aparece Suria, el dios del Sol le entregó el Yajurveda Blanco (una recopilación de mantras) al sabio Yajnavalkya. Siempre generoso, Suria también le entregó la gema mágica syamantaka a Satrajit, un noble conocido por su devota adoración al dios. Si su dueño era una buena persona, esta piedra podía producir una enorme cantidad de oro a diario y disipaba todos los miedos. Si el dueño era malvado, entonces supondría su ruina con consecuencias mortales.
Suria y los Adityas, nombre colectivo de las deidades solares, gozaban de especial popularidad en el período védico, época en la que el dios del sol se consideraba uno de los tres dioses más importantes. Más tarde, Suria fue superado en importancia por deidades como Shiva y Visnú. Aun así, para algunos sigue siendo un dios importante tanto en la India como en Nepal. Se le celebra durante el festival de la cosecha de Pongal en el sur de la India y entre los tamiles en general. Los seguidores de la escuela Smarta también lo consideran uno de sus dioses más importantes. Los devotos de este dios se conocen como sauras. Suria aparece en el importante mantra Gayatri, que se recita a partir de los Vedas como paso previo a su estudio. Por último, en el budismo se considera que Suria habita en los santuarios y los protege.
El dios contaba con numerosos templos y santuarios repartidos por toda la antigua India, pero sin duda el templo más famoso construido en honor a Suria se encuentra en la región de Orissa, en Konarak. Construido en el siglo XIII con piedra arenisca, cuenta con 12 pares de enormes ruedas de piedra incorporadas a los laterales del edificio para representar los meses del año y dar la impresión de que todo el templo es el carro de Suria. El efecto se ve reforzado por siete caballos esculpidos en la fachada, situados a ambos lados de la escalera. El culto a Suria fue fundado en este lugar por Narasimha I (que reinó en 1238-1264). Las estatuas del dios del sol adornan los nichos del exterior del templo. En uno de los paneles se representa a Suria con una corona cónica, de pie sobre los siete caballos de su carro. Está ataviado con joyas y acompañado por una figura más pequeña de Aruna.
Otro famoso templo dedicado al dios se encuentra en Martand, en el valle de Srinagar, en Cachemira. Fue construido en la segunda mitad del siglo VIII después de Cristo por el rey Karkota Lalitaditya Muktapida. El templo, construido en piedra caliza, es un interesante ejemplo de la influencia de la arquitectura clásica en la región y cuenta con columnas estriadas y capiteles de estilo corintio en la columnata rectangular, que mide 67 × 42 metros y rodea el templo propiamente dicho. Hoy en día, el templo no es más que una ruina de lo que fue, pero sigue siendo el monumento hindú más antiguo de Cachemira.
Suria aparece tanto en esculturas figurativas como en templos de toda la India. A menudo se representa con botas altas y una túnica holgada, que simbolizan su procedencia de otro mundo (¿parto o kushán quizás?). Esta iconografía inusual se mantuvo hasta el siglo XII después de Cristo en toda la India; un ejemplo destacado es la figura de bronce de Cachemira que actualmente se conserva en el Museo de Arte de Cleveland. Suria puede ir montado en su carro tirado por siete caballos o por un único caballo con siete cabezas (que representan los colores del arcoíris y los siete chakras), de todos los cuales emanan rayos de luz. A diferencia de muchos otros dioses hindúes, a Suria se le suele representar con solo dos brazos y no con los cuatro típicos. En el arte cham del antiguo Vietnam y Camboya, a Suria se le suele representar montado a caballo y empuñando una espada enorme, sin duda en referencia a su lucha diaria contra los demonios de la oscuridad.
Las representaciones del dios en los templos de Osian muestran a Suria con lotos en cada mano, vestido con una corona enjoyada y un taparrabos. Los ejemplos más destacados de este tipo son el panel de clorita verde, dominado por la figura a tamaño natural de Suria y procedente de su templo de Konarak, que ahora se encuentra en el Museo Nacional de Nueva Delhi, y el panel de pizarra pulida de Ganga Sagar, que actualmente se conserva en el Museo de Arte de Filadelfia.