Basilio II

Definición

Mark Cartwright
por , traducido por Antonio Elduque
Publicado el
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Texto original en inglés: Basil II

Psalter of Basil II (by Unknown Artist, Public Domain)
Libro de Salmos de Basilio II
Unknown Artist (Public Domain)

Basilio II gobernó el Imperio bizantino entre el 976 y 1025 d.C. Se le conoció como el Asesino de Búlgaros (Bulgaroktonos) por sus excesos en la conquista de la antigua Bulgaria, una dulce revancha de su infame derrota en la Batalla de la Puerta de Trajano. Con un control estricto de los resortes de la economía bizantina y un ejército privado de gigantes vikingos, Basilio derrotó como mínimo a dos usurpadores importantes de su trono, reconquistó Grecia y todos los Balcanes, consiguió victorias en Siria, y dobló el tamaño de su imperio. Este coloso de la historia bizantina fue objeto de una biografía en la Chronographia, escrita en el siglo XI por el historiador bizantino Miguel Psellos.

Primeros años

Basilio, nacido en el 958 d.C., era hijo del emperador Romano II, de la Dinastía macedónica, y heredó el trono con cinco años de edad, a la muerte de su padre, conjuntamente con su hermano pequeño Constantino. La emperatriz Teófano, esposa de Romano, actuó como regente, casándose con el general Nicéforo Phokas, que se convirtió en el emperador Nicéforo II Phokas. No fue un matrimonio feliz, y Teófano asesinó a su marido en su lecho en diciembre del 969 d.C. El general Juan Tzimisces se autoproclamó entonces emperador y el mismo año confinó a Teófano en un monasterio. Juan I Tzimisces siguió actuando como tutor de los dos jóvenes emperadores y se embarcó en una serie de campañas triunfales en Oriente Medio. Al morir Tzimisces por enfermedad en el 976 d.C., Basilio asumió su legítimo cargo en el trono del Imperio bizantino. Al menos sobre el papel, Basilio compartió el cargo con su hermano Constantino, aunque en la práctica fue más bien Basilio quien gobernó.

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Faltaba la teatralidad que se podría esperar de un emperador – ni fiestas lujosas, ni vestimentas refinadas, ni anillos brillantes.

El joven Basilio no era especialmente bien dotado físicamente, aunque era un buen jinete. Evitaba la vida refinada y no le interesaba demasiado la literatura; en muchos aspectos vivía la vida austera de un monje. Era un hombre piadoso, conocido por llevar una estatua de la Virgen en las batallas. Esas cualidades, junto con su carácter adusto, su brusquedad y su mal genio, combinadas con una total desconfianza en todo el mundo, no es extraño que no despertaran demasiado amor ni admiración entre sus súbditos. Parecía haber una falta de la teatralidad que se podía esperar de un emperador – ni fiestas lujosas, ni vestimentas refinadas, ni anillos brillantes; incluso cuando vestía las ropas púrpura propias de su cargo, no eran más que una sombra pálida de lo que podrían haber sido. De forma análoga, sus campañas militares, a pesar de todos los éxitos, fueron más resolutivas que vistosas, aunque su habilidad en la gestión del imperio le haría ganar el respeto de sus súbditos y el miedo de sus enemigos.

Política interior

El primer problema de Basilio al acceder al trono fue aplastar una rebelión liderada por el aristócrata Bardas Skleros, un general deseoso de mantener la posición privilegiada que había disfrutado bajo los anteriores emperadores. Basilio triunfó, a pesar de algunas derrotas iniciales ante Skleros en Asia Menor, gracias a la ayuda decisiva de su principal administrador y tocayo, el inteligente eunuco Basilio Lecapeno, el parakoimomenos (chambelán del emperador). Basilio II tuvo que dar un nuevo golpe, este contra su corrupto y desleal chambelán, que intentó coronar emperador a Bardas Phokas, un aristócrata líder de un clan. El eunuco Basilio fue exiliado en el 985 d.C. El emperador ya podía concentrar todos sus esfuerzos en gobernar solo y con magnificencia, sin ni siquiera distraerse con el matrimonio o la familia.

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Coin of Basil II
Moneda de Basilio II
PHGCOM (CC BY-SA)

Basilio intentó consolidar su gobierno reduciendo el poder siempre creciente de la aristocracia terrateniente y los monasterios, que expandían sus intereses territoriales a expensas del campesinado pobre, tanto por adquisiciones como por conquistas. Y aún más importante para el estado, los grandes terratenientes a menudo evitaban el pago de impuestos o simplemente recibían exenciones. A Basilio se le ocurrió la idea simple de que los grandes terratenientes, o dynatoi, como eran conocidos, pagaran los impuestos atrasados de los pobres. Ese nuevo programa fiscal, conocido como el allelengyon, encontró una fuerte oposición, no tuvo éxito y fue abandonado por Romano III en 1028 d.C.

Otra estrategia para centralizar más el poder fue permitir la exención del servicio militar mediante pago, en las provincias, reduciendo así el personal de los líderes locales. Basilio podía permitirse la reducción de la fuerza militar por las tropas de élite que le cedían los estados aliados y, muy hábilmente, utilizó los nuevos ingresos fiscales para financiar un nuevo ejército más fiel a sus intereses, que le resultaría útil en la segunda mitad de su reinado.

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Campañas militares

La primera y peor campaña militar de Basilio tuvo lugar en agosto del 986 d.C., cuando sufrió una sonada derrota frente a las fuerzas de Samuel de Bulgaria (r. 976-1014 d.C.) en un desfiladero en las montañas de Bulgaria conocido como la Puerta de Trajano. El ejército del emperador, de 60.000 hombres, ya había sufrido un episodio vergonzoso con su fallido asedio de Serdica (Sofía), la capital búlgara, pero ahora fue aniquilado, perdidos los estandartes y Basilio forzado a huir de vuelta a Constantinopla. Tendría que esperar 28 años para lograr su revancha, aunque entonces sería completa.

La consecuencia de la derrota en la Puerta de Trajano fue la expansión del reino de Samuel por tierras bizantinas, y el estímulo para dos rebeliones internas lideradas por Bardas Skleros y Bardas Phokas (otra vez él), que incluso llegó a proclamarse emperador en el 987 d.C. Basilio, afortunadamente, pudo pedir ayuda a Vladimiro I de Kiev (r. 980-1015 d.C.) cuyo ejército de 6.000 vikingos dio apoyo a su fuerza naval y permitió al emperador restaurar el orden en el 989 d.C. El ejército rebelde fue derrotado, y a tres de sus mandos se les dio una muerte singular: ahorcados, crucificados y empalados. La ayuda de Kiev tuvo su precio, en forma de la promesa de Basilio de que su hermana Ana se casaría con Vladimiro, a condición de que este accediera a ser bautizado. Ambas partes cumplieron sus promesas, útiles para su alianza. La adopción del cristianismo y su promoción por Vladimiro, que llegaría a convertirse en santo, fue un hecho notable, de consecuencias duraderas para los pueblos rusos.

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Basil II in Triumph
Basilio II triunfante
Unknown Artist (Public Domain)

Además de Samuel el Búlgaro, hubo otros asuntos que atender. Había que proteger tanto a Antioquía como Alepo, en Siria, del dominio árabe, especialmente de los cada vez más ambiciosos fatimíes. El propio Basilio lideró una victoria en el norte de Siria en el 995 d.C., cuando su ejército pudo desplazarse con gran velocidad gracias a que cada hombre disponía de dos mulas, una para él mismo y otra para su equipo. El emperador se basó a continuación en una política a largo plazo de perjudicar la economía de los árabes, restringiendo todo tipo de comercio con el califato.

El principal foco de acción de Basilio, sin embargo, fue el oeste y la revancha de los búlgaros. El historiador J.J. Norwich describe aquí su estrategia militar:

El éxito de Basilio se basaba en una organización impecable. El ejército tenía que actuar como un único organismo, perfectamente coordinado. Cuando empezaba la batalla, los soldados tenían prohibido romper las filas. Los héroes eran castigados con la destitución inmediata. Sus hombres se quejaban de las inacabables inspecciones de sus jefes, pero estos les inspiraban confianza porque sabían que nunca afrontarían una operación sin la certeza de la victoria. (211)

El emperador era incansable, y tras años de campañas tanto en verano como en invierno, recuperó Grecia para Bizancio(997 d.C.), y después Pliska (1000 d.C.), Skopje (1004 d.C.) y Dirraquio (ca. 1005 d.C.), entre otras muchas ciudades. Finalmente, en 1014 d.C. Basilio logró una decisiva victoria contra los búlgaros en otro paso montañoso, esta vez en Kleidion, en la cordillera de Belasica. Más de 15.000 soldados enemigos fueron hechos prisioneros. El emperador, recordando su derrota frente a Samuel, aplicó la tradición bizantina de mutilar hasta el máximo a sus enemigos y cegar a los cautivos, enviándoles de vuelta a su líder en grupos de 100, conducidos cada uno por un guía tuerto. Se dice que Samuel falleció por un ataque cerebral provocado por la impresión, poco después de recibir ese signo siniestro de la cólera implacable de Basilio.

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Byzantine Empire, 1025 CE
Imperio bizantino, 1025 d.C.
Necropotame (CC BY-SA)

Tras una débil resistencia por parte de los hijos de Samuel, los territorios búlgaros se incorporaron al floreciente Imperio bizantino, y Basilio marchó victorioso sobre Serdica (Sofía) en 1018 d.C. El desagradable recuerdo de la Puerta de Trajano había sido borrado finalmente. Basilio demostró más generosidad con sus nuevos súbditos que con su ejército. Mantuvo bajos los impuestos – permitiendo el pago en especies en lugar del oro habitual, permitió que algunas provincias continuaran bajo gobiernos de los príncipes locales, dio a ciertos nobles cargos de importancia dentro del Imperio, y permitió a la Iglesia búlgara seguir independiente de Constantinopla, con la única condición de que el arzobispo fuera elegido por Basilio.

Muerte

Basilio siguió con sus campañas hasta el final, con más aventuras de éxito en la Iberia georgiana y en Armenia, en 1021-22 d.C., donde capturó Vaspurakan. Sus territorios se extendieron incluso por Mesopotamia, y se consolidaron dividiendo las regiones conquistadas en nuevas provincias del Imperio. También se reorganizó Italia, y se preparó una nueva campaña contra los árabes, esta vez en su último reducto en el oeste, Sicilia. Pero antes de que esos planes se hicieran realidad, Basilio murió el 13 ó el 15 de diciembre de 1025 d.C. Casi había doblado su imperio, que ahora “se extendía desde Creta a Crimea, y desde el estrecho de Mesina y el río Danubio hasta los ríos Aras, Éufrates y Orontes” (Mango, 80) o, dicho de otro modo, Bizancio era ahora “una superpotencia en dos continentes” (ibid, 176).

El emperador debería haber sido enterrado en un espléndido sarcófago que le estaba esperando, junto a sus predecesores, en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, pero Basilio prefirió una tumba más sencilla en una pequeña iglesia fuera de la ciudad. Su lugar de descanso eterno llevaba esta inscripción:

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Desde el día en que el Rey de los Cielos me eligió para ser el emperador, el gobernante supremo del mundo, nadie vio descansar mi lanza. Permanecí alerta toda mi vida y protegí a los hijos de la Nueva Roma, luchando con valentía tanto en Occidente como en los confines de Oriente… Tú que ves aquí mi tumba, recompénsame por mis campañas con tus plegarias. (Herrin, 219)

Legado

Los casi 50 años de reinado de Basilio lograron que el Imperio bizantino alcanzara su cénit, tal como explica aquí el historiador E.R.A. Sewter en la introducción a su traducción de la biografía del emperador escrita por Psellos:

Basilio dedicó todas sus energías al oficio de gobernar; no se casó, permaneció la mayor parte del tiempo en las fronteras o cerca de ellas, desarrolló una maquinaria militar de una terrible eficiencia, y codició la autocracia, aunque despreció sus símbolos externos. Aplastó rebeliones, sometió a los terratenientes feudales, conquistó a los enemigos del Imperio, especialmente en las provincias del Danubio y en Oriente. En todas partes se respetaba y temía el poder de las armas romanas. El tesoro imperial desbordaba de riquezas con los botines acumulados de las campañas de Basilio. Incluso la llama del conocimiento, a pesar de la conocida indiferencia del emperador, seguía ardiendo, aunque tenuemente. El destino de la gente común de Constantinopla debió de ser suficientemente placentero. Para la mayoría, la vida fue alegre y vibrante, y aunque las fortificaciones defensivas de la ciudad estuvieran en mal estado en algunos puntos, no hubo temor de ataques. (12)

Al morir Basilio sin descendencia, el título de emperador volvió a su hermano Constantino, que gobernó como Constantino VIII desde 1025 a 1028 d.C., y sus hijas Zoé y Teodora. Desafortunadamente, los sucesores de Basilio dilapidarían su herencia en una o dos generaciones. Las que un día fueron grandes fortunas del imperio se desvanecerían, con un indicador que no puede ser más tangible y simbólico que el contenido de oro, siempre menguante, de las monedas bizantinas. Los días felices de 24 quilates de Basilio II nunca más volverían.

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Sobre el traductor

Antonio Elduque
Soy doctor en Química y trabajo en el sector biomédico. También licenciado en Humanidades, especialmente aficionado a la Historia. Me gusta traducir porque obliga a una lectura lenta y cuidadosa, buscando el sentido del texto más que el significado de las palabras.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es un escritor de historia radicado en Italia. Sus intereses especiales incluyen la cerámica, la arquitectura, la mitología mundial y el descubrir las ideas que todas las civilizaciones tienen en común. Tiene un máster en Filosofía Política y es el director de publicaciones de la AHE.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2017, noviembre 09). Basilio II [Basil II]. (A. Elduque, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16505/basilio-ii/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Basilio II." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. Última modificación noviembre 09, 2017. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16505/basilio-ii/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Basilio II." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 09 nov 2017. Web. 25 oct 2021.