El gobierno romano giraba en torno al Senado romano, compuesto por un grupo de ciudadanos aristocráticos que se distinguían del resto por sus títulos, sus togas con franjas púrpuras, sus anillos senatoriales e incluso su calzado especial. Los senadores ocupaban los cargos públicos más importantes y muchos de ellos estaban al mando de provincias y ejércitos. Figuras como Julio César y los emperadores que le sucedieron reducirían el papel del Senado, pero este seguiría siendo un órgano influyente a lo largo de la dilatada historia de Roma. También existían las asambleas populares que promulgaban leyes y un ejército de magistrados que se encargaba de hacerlas cumplir. Además, los tribunales interpretaban el enorme corpus legislativo que se remontaba a las Doce Tablas e incluía innumerables enmiendas, sentencias y edictos imperiales.
En esta colección, examinamos la evolución del papel del Senado, los detalles más sutiles de la elaboración de leyes romanas y algunos de los cargos magistrales clave, como los ediles y los cuestores, que controlaban todas las facetas de los deberes cívicos de los ciudadanos romanos, desde el pago de impuestos hasta la participación en las fiestas religiosas.
Durante la época de la República, estas diversas asambleas eran la voz de los ciudadanos de Roma y, aunque no eran plenamente democráticas en el sentido moderno del término, permitían que al menos una parte de la ciudadanía romana fuera escuchada. Su papel esencial en el Gobierno romano era tan crucial que el ejército inscribió en sus estandartes militares las letras SPQR, Senatus Populusque Romanus, es decir, «el Senado y el pueblo romano».