Este mapa ilustra las fronteras cambiantes del Imperio bizantino desde la ascensión de Justiniano I (que reinó en torno a 527-565) hasta el saqueo de Constantinopla por la Cuarta Cruzada en 1204, y muestra cómo el Estado romano oriental de lengua griega actuó como baluarte militar y a la vez como puente cultural entre la Europa medieval y el mundo musulmán.
Los ejércitos de Justiniano restauraron brevemente la unidad mediterránea romana, pero los siglos posteriores presenciaron pérdidas frente a los eslavos, los búlgaros y los sucesivos califatos musulmanes. Un renacimiento alcanzó su punto álgido bajo Basilio II (que reinó en torno a 976-1025), quien aplastó a Bulgaria y se expandió hacia Armenia; sin embargo, las luchas civiles, la victoria selyúcida en Manzikert (1071) y la influencia económica veneciana erosionaron la fortaleza bizantina. En 1204, una Cuarta Cruzada respaldada por Venecia derrocó Constantinopla, sustituyó el dominio bizantino por el Imperio latino y fragmentó los restos en estados sucesores: Nicea, Epiro y Trebisonda.