El Programa de Paz de los Catorce Puntos del presidente estadounidense Woodrow Wilson (1856-1924) se presentó ante el Congreso el 8 de enero de 1918 y esbozaba un nuevo orden mundial que esperaba que evitase otro desastre como la Primera Guerra Mundial (1914-18), que aún estaba en curso. Con el objetivo de persuadir a Alemania y a sus aliados de que pidieran un armisticio y se lograra una paz mundial duradera, los puntos de la lista establecían que debía haber libertad de los mares, libre comercio, desarme, una redefinición del mapa de Europa basada en el principio de la autodeterminación nacional, un compromiso con una diplomacia abierta sin más tratados secretos y la creación de una asamblea internacional de naciones.

El presidente Wilson identificó ciertas causas de la Primera Guerra Mundial que no quería que se repitieran jamás: la diplomacia interesada y secreta, la represión de los grupos minoritarios dentro de los imperios y los grandes Estados, y los regímenes autocráticos que ignoraban los deseos de su propio pueblo. Hacía falta una nueva organización internacional que erradicara estos tres males de la diplomacia mundial y que en vez de eso defendiera la democracia, la autodeterminación y la transparencia. Trabajando juntos, se podría lograr una seguridad colectiva y un entorno de debate y negociación, en el que ni siquiera se iniciara una guerra entre naciones. Esa era la esperanza.

Los catorce puntos de Woodrow Wilson eran:

  1. Pactos de paz abiertos; nada de acuerdos secretos..
  2. Libertad de los mares, salvo cuando se vea restringida por medidas internacionales..
  3. La eliminación de todas las barreras económicas siempre que fuera posible..
  4. Garantías para la reducción de armamento..
  5. Resolución imparcial de todas las reclamaciones coloniales, dando la misma importancia a los intereses de las poblaciones sometidas que a las reclamaciones de los Gobiernos..
  6. Evacuación de todo el territorio ruso..
  7. Restablecimiento de la soberanía belga..
  8. La restitución del territorio francés ocupado y la devolución de Alsacia y Lorena a Francia..
  9. Reajuste de las fronteras italianas «según líneas de nacionalidad claramente reconocidas»..
  10. Oportunidad de desarrollo autónomo para los pueblos de Austria-Hungría..
  11. Evacuación por parte de las fuerzas de ocupación de Rumanía, Serbia y Montenegro; libre acceso al mar para Serbia. Las relaciones entre los Estados balcánicos se resolverán según criterios de lealtad y nacionalidad..
  12. Oportunidad de desarrollo autónomo para los pueblos no turcos dentro del Imperio otomano. Libertad de navegación en los Dardanelos..
  13. Creación de una Polonia independiente con salida al mar..
  14. Formación de una asamblea general de naciones con el objetivo de «ofrecer garantías mutuas de independencia política e integridad territorial a los Estados grandes y pequeños»..

(Bruce, 133)

Los catorce puntos presentaban algunos problemas importantes, es especial por aquellos aspectos no abarcaban en absoluto. Por ejemplo, el énfasis de Wilson en la autodeterminación no se aplicó a los perdedores de la Primera Guerra Mundial (Alemania, Austria-Hungría, el Imperio otomano y Bulgaria), que no tuvieron voz ni voto sobre su futuro. Esta falta de consulta dio lugar a resentimientos duraderos. Tampoco se aplicó el principio a la mayoría de los ciudadanos que se vieron envueltos en una redistribución masiva de amplias zonas de los mapas de Europa, África y Asia Oriental, territorios reclamados por los vencedores de la Primera Guerra Mundial (Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos e Italia). Del mismo modo, el desarme formal y las futuras restricciones sobre el número de efectivos militares y el armamento solo se aplicaron a los perdedores de la Primera Guerra Mundial, no a los vencedores.

Otro problema del Programa de Paz fue que lo había formulado sin consultar con los aliados de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Ambos Estados se oponían a la idea de la libertad de los mares y ambos querían reparaciones de los perdedores de la Primera Guerra Mundial para ayudar a sufragar los enormes costes de cuatro años de guerra. En consecuencia, los aliados transigieron en algunos de los puntos de Wilson en la Conferencia de Paz de París (celebrada entre enero de 1919 y enero de 1920), a la que Wilson asistió como jefe de la delegación de Estados Unidos. Tras un largo debate y disputas políticas, la conferencia decidió finalmente el destino de los perdedores de la Primera Guerra Mundial con la firma del Tratado de Versalles, un tratado que el Senado de Estados Unidos votó no ratificar.

El punto 14º, relativo a la asamblea de naciones, se hizo realidad en enero de 1920 con la creación de la Sociedad de las Naciones. Este organismo partía de una gran idea, pero en la práctica, ante los actos de agresión de uno o varios miembros, las respuestas de la Sociedad solían ser débiles e ineficaces. La debilidad más significativa fue la decisión del Gobierno de Estados Unidos de no adherirse a la Sociedad de las Naciones, ya que seguía una política de aislacionismo. En la práctica, ninguno de los otros trece puntos se podrían aplicar de forma realista debido a la debilidad de la Sociedad de las Naciones ante las repetidas violaciones cometidas por Estados hiperagresivos.

Si los catorce puntos de Wilson pretendían evitar otra guerra mundial, es evidente que fracasaron, ya que la Segunda Guerra Mundial asoló el mundo entre 1939 y 1945. No obstante, Wilson habría argumentado que la mayoría de sus catorce puntos nunca se llevaron a la práctica y que, de haberlo hecho, la paz habría sido más probable que la guerra.

En la década de 1920 se observaron movimientos de alejamiento del militarismo, ya que millones de personas habían vivido de primera mano y de forma amarga los horrores de la guerra: soldados en el frente, víctimas civiles de los bombardeos y quienes habían perdido a seres queridos. Existía una opinión pública generalizada de que el rearme deliberado y creciente era una política peligrosa y que las enormes sumas de dinero que requería se invertirían mejor en otros ámbitos, como por ejemplo en primer lugar en la reconstrucción de las zonas e industrias dañadas.

A medida que los recuerdos se desvanecían, la tendencia hacia el pacifismo se invirtió en la década de 1930 con el auge de potencias fascistas y militaristas agresivas como Italia, Japón y Alemania. En estos países, los líderes autoritarios insistían en la necesidad de rearmarse y en los beneficios egoístas de llevar a cabo una política de conquista exterior. Se difundió la idea de que a los perdedores de la Primera Guerra Mundial los habían tratado con demasiada dureza. Se volvieron a pactar tratados secretos. Se erigieron barreras comerciales, incluso por parte de Estados Unidos. Por lo general, no se consultaba a las poblaciones locales sobre cómo se gobernarían sus países ni quién lo haría. Las nuevas fronteras crearon nuevos problemas. Varios países se sintieron agraviados por sus pérdidas territoriales y se crearon importantes grupos minoritarios a medida que se redefinían las fronteras. La crisis económica de 1929 provocó un desempleo generalizado e inflación. Los partidos políticos nacionalistas aprovecharon esta peligrosa mezcla de agravios para ganarse el apoyo popular y llevar al mundo en la dirección diametralmente opuesta a la que Woodrow Wilson había esperado que tomara con sus catorce puntos.