El Hombre de Lindow (oficialmente, Lindow III) es la mitad superior del cuerpo de un hombre, hallada en buen estado de conservación en una turbera de Cheshire, Inglaterra.

Las turberas de Lindow Moss se remontan a la última glaciación y se formaron a partir de huecos dejados por el hielo derretido; actualmente tienen una décima parte de su tamaño original. Las turberas suelen favorecer la conservación de materiales orgánicos, especialmente de restos humanos, debido a su naturaleza ácida, fría y sin oxígeno. El color marrón de la piel, su textura correosa y el aspecto de los restos humanos conservados en una turbera se deben a un tipo de musgo que crece en ellas y que, al morir, libera una sustancia que provoca un proceso de curtido.

Durante la década de 1980, los trabajadores de una planta de trituración de turba realizaron una serie de hallazgos en Lindow Moss, de donde en aquella época se extraía turba como combustible. Estos descubrimientos consistían en pequeñas partes de la anatomía humana, como por ejemplo, una cabeza conocida como la Mujer de Lindow y varias extremidades de otros individuos. El más famoso, grande e importante de estos hallazgos es la mitad superior del cuerpo de un hombre (la mitad inferior se perdió posiblemente cuando una excavadora cortó la turbera), encontrado en el verano de 1984 y denominado Hombre de Lindow. Lo que llama la atención de este hallazgo y resulta significativo para su estudio es que se conservaron el cabello, la piel y varios de sus órganos vitales. El cuerpo y la sección circundante de turba se extrajeron íntegros y fueron trasladados para su estudio por un equipo dirigido por científicos del Museo Británico. Una vez a salvo en un laboratorio, se convirtió en el centro de atención de los análisis y ha suscitado un gran interés, dando lugar a una investigación sin precedentes.

La barba, las patillas y el bigote dejaron claro de inmediato que el cuerpo era de un hombre. Al calcular la longitud del hueso del brazo, se estimó que habría medido entre 1,68 m y 1,73 m de altura. Además, tenía una complexión robusta y pesaba alrededor de 64 kg. La datación por radiocarbono situó su vida entre el año 2 antes de Cristo y el 119 después de Cristo, y se calcula que tenía unos 25 años cuando murió. Estaba desnudo, salvo por una banda de piel de zorro en el brazo. Mediante microscopía electrónica de barrido, los investigadores descubrieron que su cabello y su barba habían sido recortados con unas tijeras o una cizalla. Se cree que no realizaba ningún trabajo pesado ni labor física, a juzgar por sus uñas, que estaban todas bien cuidadas. Aunque el ácido de la turbera le había eliminado todo el esmalte de los dientes, no presentaba caries visibles y lo que quedaba tenía un aspecto normal. En general, parece que gozaba de buena salud, aunque padecía una leve osteoartritis y una infestación de gusanos. Incluso se ha podido determinar su grupo sanguíneo, el O. Los restos de comida hallados en su tracto digestivo superior indican que su última comida fue una torta hecha con trigo y cebada.

Las razones y la causa de la muerte han suscitado debate entre los estudiosos. Hay indicios de dos golpes en la parte superior de la cabeza con un arma pesada y de hoja, así como una herida de cuchillo en la garganta. También hay pruebas de un golpe en la espalda, a juzgar por una costilla rota. Tenía una cuerda fina alrededor del cuello que se podría haber utilizado para estrangularlo y romperle el cuello, pero algunos han argumentado que se trataba simplemente de un collar, ya que está anudada de forma decorativa. Una vez muerto, fue depositado boca abajo en la turbera. Esta horrible muerte pudo haber sido un asesinato ritual, tal vez un sacrificio humano llevado a cabo por los druidas. O bien podría haber sido ejecutado como delincuente o asesinado por ladrones o, si se trataba de alguien de cierta importancia, por sus enemigos. Es casi imposible saber con certeza por qué murió, pero el Hombre de Lindow ha proporcionado información valiosa y ha sido sometido a más pruebas que cualquier otro ser humano de la Antigüedad.

Se conservó sumergiéndolo en una mezcla de polietilenglicol para evitar que se encogiera y, a continuación, se envolvió en film transparente, se congeló y, finalmente, se liofilizó. Actualmente se encuentra expuesto en el Museo Británico.