La Magna Grecia (Megalē Hellas) se refiere a las áreas costeras de Italia meridional que fueron colonizadas por varias ciudades-estado griegas entre los siglos VIII y V antes de Cristo Sicilia, aunque también fue una región de colonización griega, no se incluye en esta área. Sin embargo, escritores posteriores como Estrabón incluían a Sicilia ya que el término llegó a comprender a todo el mundo griego.

La región original de la Magna Grecia se extendía desde la colonia eubea de Cumas (fundada alrededor de 740 antes de Cristo y probablemente la más antigua) hasta la colonia espartana de Tarento (fundada alrededor de 706 antes de Cristo). La última de las colonias griegas en ser fundada fue Heraclea en el 433 antes de Cristo

Los colonos griegos, siguiendo las huellas de los micénicos de la Edad del Bronce, seleccionaron a la Magna Grecia como un sitio apropiado para las colonias debido a la fertilidad de la tierra y a su ventajosa posición geográfica para el comercio, en el lugar de encuentro de los mundos griego, etrusco y fenicio. El hecho de que las colonias de la Italia meridional se convirtieran en una parte completamente integrada del mundo griego queda evidenciado por las ofrendas votivas de la Magna Grecia en los grandes santuarios religiosos de Delfos y Olimpia. En efecto, el cese del fuego (ekecheiria) que se imponía durante los juegos olímpicos también era respetado en las colonias, y la lista de vencedores en Olimpia incluye muchos nombres de la Magna Grecia. Sin embargo, la región no era una entidad única armoniosa ya que, al igual que en la Grecia continental, las pequeñas ciudades-estado o polis (bastante independientes de sus ciudades-madre fundadoras) competían y cooperaban con las ciudades vecinas para formar una red política de rivalidades y alianzas en constante cambio. La región también estaba sujeta a una gran inestabilidad política precisamente porque estaba en el cruce de varias civilizaciones y, por su riqueza en recursos naturales, era observada con envidia, particularmente por los tiranos de Sicilia. Estas ciudades griegas también fueron inestables internamente debido a su cosmopolita mezcla de razas: locales, colonos, mercenarios, residentes de áreas vecinas, etc.

Entre las polis más importantes de la Magna Grecia (con la ciudad fundadora y fecha) eran las siguientes:

A finales del siglo V antes de Cristo se observó un conflicto creciente con la población autóctona, particularmente las tribus oscas asentadas en los montes Apeninos. Estos pueblos fueron aumentando la presión sobre las llanuras fértiles y eventualmente invadieron las polis a través de una inmigración masiva. No obstante, en un efecto contrario, el modelo político y cultural de las polis también aflojó los lazos políticos y culturales originales de estas poblaciones indígenas de tal manera que se convirtieron, en cierto sentido, en “griegas”, que con facilidad asimilaron el sistema de la polis, la arquitectura, el arte, la religión e incluso la lengua de los griegos. En los siglos siguientes la zona entró en contacto creciente con Roma y para el año 89 antes de Cristo todas las ciudades sobrevivientes de la Magna Grecia estaban bajo completo control romano.